PRIMERAS MUJERES
CON RANGO
DE "OFICIAL UNO" COMO ALPARGATERAS
Por Oscar Carrasquel
Fueron contadas las damas que consiguieron ese escalafón en Villa de Cura. Las dos primeras artesanas que alcanzando esa difícil jerarquía “Maestra Alpargatera”, en aquellos días cuando estaba en pleno apogeo la alpalgatería. Desde ese tiempo para acá la pequeña economía de la Villa, en buena parte, dependía del comercio mayor y detal de la criolla alpargata.
En vida llevaron por nombre Genoveva Ortega de Ybarra y Lucrecia Cusati; ellas desempeñaron un gran papel en la historia pequeña de nuestra ciudad. Porque solo hombres, tan igual de famosos como Jesús Maury, Rafael Correa, Julián Rojas, Alfonzo González, Juan Nieves y José Domingo Hernández “machuca”, entre otros, que llegaron a alcanzar esa meta. El delicado trabajo de un "oficial" consiste en saber seleccionar y curar la suela, trazar, cortar, encerar la cabuya, colocar capellada y taloneras con un punzón, usar la maceta, pasar el rulo para lustrar, troquelar talla y marca, hasta el proceso final de comercialización.
En una casa solariega ubicada en la calle Páez, Oeste, subiendo por la calle Bolívar y Villegas tuvimos la dicha de conocer y admirar a este modelo de mujer doña Genoveva Ortega de Ybarra.. Entre la sombra de una arboleda alli veías tu trabajando todos los días hábiles de la semana, menos el lunes de parada obligatoria, la prohibición era por el "lunes de zapatero".. Laboraba con otros artesanos montando pares de alpargata; llevó a trabajar a su casa que tiene un solar amplio, a hombres provenientes de tierras del, estado Lara, Mateo Vargas y Eduardo Rodríguez "conejo", entre ellos.
Genoveva Ortega, nacida en 1911 en la Victoria, municipio José Félix Rivas, estado Aragua y villacurana de corazón. Desde que llegó de su lar nativo se dedicó en cuerpo y alma a la confección de de este calzado; pese a la profusa idea de que era un oficio exclusivamente masculino. Tenía ubicado su banco de trabajo bajo una enramada, cerca de una capilla para orar.
Llegó a ser en esencia, desde aprendiz hasta llegar a la cima de “Oficial uno ” las alpargatas villacuranas tuvieron eco en los pueblos en los pies del llanero. La dama sabía todos los secretos para darle vida a este calzado tradicional de la época. Eran pocas las mujeres que llegaron a “Oficiales”. Doña Genoveva, bien seria, sencilla en el trato, llena de bondad. Hubo días que practicaba otras labores del hogar, se entregaba a la dulcería criolla para negocios. Timonel de una bella familia pues con su trabajo echó a sus hijas adelante. Su lamentable partida de la vida terrenal fue el 30 de marzo de 1977. Según nota de su nieta Yezenia Varganciano Ybarra.
Lucrecia CusatiEn el pueblo recordamos a la matrona Lucrecia Cusati pertenece a una tradicional familia villacurana de mediados del siglo xx, mujer de espíritu batallador. Como un hombre tuvo su propio banco de trabajo establecido bajo un árbol frondoso. La brisa fresca de los atardeceres soplaba en el solar de su casa ubicada en el barrio las Tablitas. La voz femenina que daba órdenes. Lucrecia era oriunda de Villa de Cura donde vio la primera luz al mundo el 18 de octubre de 1926, en el seno de un hogar humilde constituido por su taita don Marcos Reyes y doña Filomena Cusati.
Lucrecia fue creadora de su propia historia. Sus acciones perduran como un legado en el barrio Las Tablitas, pues fue madre formadora de mujeres y hombres de bien. Enseñó métodos a los artesanos de la barriada.. Pues muchos artesanos de la alpargata pasaron por sus manos Fue maestra para muchos en el barrio. Su casa fue como una escuela de emprendedores, una pequeña empresa familiar.
Cuando hablamos de la alpargata villacurana, nos estamos refiriendo a la alpargata de
capellada que se hizo famosa en todos los estados llaneros hecha totalmente a mano. Nosotros que somos testigos
de tantos amaneceres y atardeceres, con el mismo sol al frente, conocimos muy bien a la
señora Cusati quien duró muchos años en esta rutina. Después de tantas batallas la abordó la muerte en Villa de Cura el 26 de agosto de 2007. Dos
abnegadas almas atiborradas de aguas dulces y amargas, Genoveva y Lucrecia formaron parte de la historia menuda con sabor a
villacuranidad. Entre la descendencia hay
voces artísticas, musical y tarea de educadores. La gloria de Dios sea para ellas. Que en paz descansen.
Fotos archivo restauradas por Félix Humberto Herrera
Oscar
Carrasquel La Villa de San Luís, Tricentenaria
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