¿Cuánto te debo ?
"A mi no me debes nada".
Por Oscar Carrasquel
Jamás he sido crítico literario hermano, pero nunca puedo dejar de discernir, de tener tiempo para repasar un libro llegado a nuestras manos del miembro de la Academia de la Historia profesor Oldman Botello. Al tratarse de un libro editado en el año 2020 titulado LA RUBIERA Y LOS MIER Y TERÁN, UN LATIFUNDIO Y UN LINAJE
Sus paginas son como un diario de cuanto aconteció en aquellas tierras que fueron explotadas por una sola familia a partir del siglo XVIII. Se trata del hato más famoso y emblemático de todos los existentes en Venezuela.
El Hato La Rubiera fue de todas las épocas el más grande latifundio en extensión Llegó a tener 160 leguas. y por supuesto, con un rico inventario de cabezas de ganado y atajos de bestias. A don Sebastián Mier y Teràn, que traía fama de hombre acaudalado, se le atribuye la propiedad original de esas tierras, familia proveniente de El Ruente del Valle de Cabuérniga-Cantabria, provincia de España; de donde eran oriundos, rubios de cutis y apellido, Sebastián era el mayor de los Rubios, la posesión se llamó "La Cruz Rubiera", ubicada al sur del estado Guárico cerca de Cazorla, en jurisdicción del municipio Miranda.
El autor nos dio a conocer que, entre sus propietarios figuraron otros miembros de este linaje. En 1915 fue adquirido este hato por el General Juan Vicente Gómez,. Todavía se habla que el último dueño particular en el siglo XX fue el comerciante y hacendado establecido en Villa de Cura don Adolfo Ramírez.
Para conocer su historia basta abrir bien los ojos y recorrer las 150 páginas del mencionado libro, hasta que uno se puede dar por satisfecho con su lectura. Para conocerla les pido a los amables lectores que nos acerquemos a ella con atención recordando que encierra el talento y la capacidad de este esclarecido escritor y cronista villacurano Oldman Botello, dedicado hace muchos años a la investigación histórica de los llanos.
El libro tiene la suerte de haber sido editado por la Editorial Miranda de Villa de Cura, con la asesoría del escritor su director Inocencio Adames Aponte , con su reconocida capacidad modernista de impresión, el diseño de la portada estuvo bajo la responsabilidad de la licenciada Maribel Ovalles.
Y el respaldo de una distinguida dama de la Villa de Todos los Santos de Calabozo, perteneciente de la parentela de los Mier y Terán, a quien se le atribuye el propósito para la edición de esta obra. Otra característica que subyace en la obra es el prólogo muy elocuente y minucioso de la profesora española Virginia Calvente Iglesias, ya fallecida.
Abundan en el libro una temática muy variada centrada en la investigación genealógica con plenitud y precisión de una familia legendaria como fue los Mier y Terán, y la evocación de sus pariente, desde sus inicios en su España de nacimiento y el recorrido de su vida habitual en Venezuela.
Una premisa importante es que en el libro sobresale la belleza de la naturaleza, los caminos andados, de continuo nos da a conocer la tierra llana, áspera y blanda a la vez, cuando aparece recorrida palmo a palmo por el autor.. Se detiene Botello a contemplar el horizonte y las grandes extensiones de tierras en posición de sus antiguos dueños, separadas por grandes distancias unas de las otras, en casi toda la geografía del llano bravío.
Los llaneros, hombres de la sabana y de vida astuta. Los nombres de viejas comarcas y caminos polvorientos, ríos y caños; las grandes extensiones de sabanas donde eran abundantes las puntas de ganado y la fauna que ya no existe, tampoco son omitidas. Vamos a entender en su lectura lo que es la maldad y el bien unidas para sobrevivir..
Nos ofrece la obra al final de sus páginas un compendio de fotografías ilustrativas, testimonios de la oralidad, mapas y documentos. Desde el comienzo hasta el final en su lectura no hay olvido ninguno de parte del autor, escrito con una sencillez expresiva como nos tiene acostumbrado este historiador villacurano..
De este hato en otrora gran productor de ganado y leche. Hoy solo queda el nombre y la leyenda.
La Villa de San Luís, 15 de abril 2020




