Por Oscar Carrasquel
La sastrería, más que
un oficio es un arte, algunos aseguran que está en extinción, lo cierto
es que ahora casi nadie desea aprender a ser sastre. El arte de la sastrería
fue una materia, que antes la enseñaba la Escuela de Artes y
Oficios, Hoy Leoncio Martínez. Creo que nosotros necesitamos deberíamos volver a transitar esos pasos.
No se sabe por qué
las mujeres nunca mandaban a coser sus trajes en sastrerías,
probablemente cuidando su feminidad, preferían sus modistas de confianza,
El sastre se encarga
de tomar medidas, trazar, puntea, corta y lo lleva a la máquina de coser.
La operaria mujer era quien cosía a
máquina para que terminara de nacer la criatura. Un traje hecho a la medida
implica, probarlo las veces que sea necesario para que quede ajustado al cuerpo
de la persona.
Se cuenta que, en
Villa de Cura el pionero de los sastres, en la tercera década del siglo xx fue
un señor que respondía al nombre de Plácido García Zamora. En
aquella época ejercia la jefatura del Registro Subalterno d Villa de Cura,
desempeñaba el oficio en la misma oficina. . Formó familia y vivió en la
calle Carabaño casi llegando a la calle Páez.
No puedo dejar de
recordar a un sastre emigrante nacido en Italia, que vino y se estableció en
Villa de Cura, su nombre Giovanni Donnarumma, su taller de confección
estaba ubicado en una pieza ubicada en la calle Bolívar,.. Era mi
sastre de confianza, , fue fundador de una sastrerías conocida como Sastrería
“El Deseo”, Recuerdo que su número telefónico era de dos dígitos ,bastaba
con repicar a la central telefónica y decir "dáme a Donnarunma" y ahí mismo lo tenías en la bocina.
Una de las casas
especialistas en trajes de liquilique a la medida en Villa de Cura fue la
recordada “Sastrería Núñez” de don Manuel Núñez, ubicada en la calle Blanca o
Miranda, cuya sastrería siempre exhibía como decoración al frente al
negocio, un paltó de liquilique montado sobre un maniquí con la cara de
Carlos Andrés Pérez, y otras veces con el rostro de Rafael Caldera;
Plena de vivencias y
añoranzas fue la sastrería “La Fortuna”, de Vinicio Jaén Landa, instalada
en dos direcciones, calle Bolívar y finalmente en la calle el Comercio. La
gente de aquí y del llano, mucho antes de salir a comprar un
liquilique o trajes personalizados en tiendas de Caracas o Maracay, acudía a la
sastrería "La Fortuna", que también fue perfumería y relojería. . El
hombre que cortaba y confeccionaba en una máquina de cosser se llamaba Andrés
Delgado, a quien todos conocimos como ”El gallo Andrés”. . Tanto Ángel Custodio
Loyola, el Carrao de Palmarito y los músicos del conjunto Serenata Guayanesa, y
otros artistas afamados ordenaron más de una vez sus trajes en esta sastrería.
Otro que se decidió a
montar su propio negocio por la calle Doctor Morales fue don Víctor
Montenegro. De esta cuevita salían hechos trajes y pantalones a la medida.
Reparaba y modificaba tallas y ruedos de pantalones. En este local sonaban los
platos y los cubiertos.
Un taller de
sastrería que en los años 50 no solo era sastrería sino un reducto de la
bohemia y la farándula, abrió sus puertas un caraqueño a quien conocimos
como don Augusto González. ubicada en la calle Miranda, frente a la casa de los
Garaicochea. Allí se reunía gente de Caracas, Valencia, del villacurano. Los
fines de semana llegaba de Puerto Cabello el poeta Luis Fragachán,
cantaba y tocaba muy bien la guitarra grande, quien además era un
reconocido sastre en Caracas. El merengue “El Norte es una quimera” es una de
sus maravillosas composiciones. Fragachan hizo muchos amigos en La Villa. En
las reuniones se compartían canciones. Mientras don Augusto tijeriaba
empinado sobre un largo mesón, el grupo celebraba con melodía, poesía y
tragos.
Uno de los talleres
de sastrerías más distinguidas y elegantes de la época en Villa de Cura
fue conocido con el nombre de Sastrería “La Palma”, propiedad de don Pedro
Palma. Estaba situada en la calle Bolívar frente al bar Savery. Diariamente
tenía en exhibición trajes y otra ropa por encargo listos para entregar.
Allí en vitrinas de exhibición había siempre una gama de perfumes
londinenses.
De amplia trayectoria
fue el flaco José Villasana, diseñador, artista del trazado y la costura. No
quiero decir que era mejor que los demás, pero la vieja tradición lo
señala que cortaba modelos de trajes perfectos. En estos días yo
recordaba su clásica y usual expresión de cortesía !Caramba !. Cuando uno se
topaba con él en la calle siempre utilizaba para saludar esta centelleante
expresión: ¡Caraaaamba!...Generalmente andaba sobre una bicicleta visitando
cantidad de costureras, como también cobrando la cuota a una docena de
clientes.
Edgar Macero apodado
"el niño Edgar", hijo del doctor Leopoldo Tosta, antes de ser
camionero se hizo buen maestro del corte y costura para caballeros, fue
bajo la batuta del famoso sastre don Plácido García donde aprendió el
arte,, a cortar y coser sobre tejidos y diseñar trajes,
Don Jesús Revilla fue
un sastre que no era nacido de La Villa, se dedicaba al ramo de hechura
de pantalones, zurcía y corregía medidas y era músico a la vez, nativo de
Churuguara, estado Falcón. Fue un artista destacado tocando la guitarra
española; muy atento y amable. Nos hicimos grandes amigos, trabajaba en un
pequeño taller de sastrería en su casa de habitación. Era también Luthier,
fabricaba y reparaba instrumentos musicales de cuerdas. Vivía como un pájaro en
una casita colgada en el cerro Los Chivos donde quedó encerrado todo su arte.
Apenas dejaba el trabajo de fin de semana me buscaba para compartir canciones y
recitaciones.
En la calle Comercio
estaba situado el taller de sastrería donde laboraba Juan Terán, mejor conocido
como “Juancito Terán”. Así lo llamaba todo el mundo por su estatura
pequeña y contextura delgada. Fue discípulo de su padre un sastre
caraqueño del mismo nombre, quien le sirvió como consejero, de él tomó la
herencia vocacional de la sastrería. Tuvo una gran pasión por su
arte hasta que joven aún le llegó la muerte de manera repentina.
El rol de sastre fue
desempeñado también por mujeres. Doña Petra Fernández fue la primera mujer que
lo desarrolló en Villa de Cura, hasta los 70; trajo el oficio
de Altagracia de Orituco estado Guárico donde nació comenzando el siglo xx.
Alcanzó renombre y mucha notoriedad en la Villa de Cura en aquellos viejos
tiempos confeccionando trajes para hombres. Vivía y trabajaba en una casa
por los lados de La Alameda. Exactamente frente a la casa de habitación y
barbería de don Luis Botello. Fue conocida por todo el mundo como “Petra la
Sastra".
Sin embargo,
partiendo desde más atrás, me refiere en una nota el profesor O. Botello “Josefa
Peña de Martínez era la que cosía los liquiliques, blusas y calzoncillos
rodilleros a los llaneros que venían a traer el ganado de Guárico y Apure, era
vecina de La Alameda, vivía en la casa donde después vivió Juan Aguilar,
murió en 1960 a los 92 años. Era la abuela de mi mamá y madre de la mamá
de Cira y José Esáa”.
Diego Rattia era una
persona muy conocido, panzudo, patilludo, taciturno, fundó la sastrería “La
Criollita”, diariamente se le veía cortando y trazando telas alrededor de un
mesón, con un metro de cinta colgado en el hombro y unos lentes claros
que siempre los tenía sobre la cabeza. En ese oficio pasó toda la
vida. Su taller de sastrería lo tenía en la calle Comercio.
Juan Parra
desempeñaba el arte del corte y la costura en un rudimentario local en la calle
Comercio. . Hacer pantalones y todo tipo de traje para el caballero
elegante, era su consigna. Pasado el tiempo se fue con su familia a la
ciudad de Maracay. Allí en la capital siguió amansando el amor por su
profesión. Como usaba los pantalones sostenidos con bandas elásticas, el
poeta J. M. Morgado,, una vez le soltó esta frase humorística: “¡Cámara, esas
elásticas son las que no te dejan crecer!”.
En la calle Comercio
de trabajó la sastrería en un cómodo local el maestro Héctor Acosta, profundo
conocedor del arte de confección de ropa para caballeros; y también, al
lado de su sastrería, en una pieza alquilada el sastre Carlos Freites.
Ambos fueron sastres finos en Villa de Cura. . A Carlos Freites no lo volvimos
a ver, me informaron que junto se fue a vivir y trabajar en Maracay, como
modista del contingente de las FAV.
Les cuento que en la
calle Bolívar y Villegas, por un costado de lo que es hoy Residencias Médicas
vivía el conocido maestro Isidro Díaz.
Dedicado toda su vida a trabajar la sastrería. Se pasaba dándole pedal a una
máquina de coser, con un mesón lleno de cortes de lino para hacer liquilique.
Me acuerdo de la sastrería
“El Toro” fundada por el sastre Joaquin
Toro “Chichi”, conservó su taller hasta la crisis, ubicado en la calle Páez cerca de la ferretería La Realidad de Julio Perdomo. , diseñaba
trajes, uniformes para las maestras, me hizo pantalones y corregía tallas. Allí
en el mismo espacio trabajaba en una máquina el el sastre Luis Jiménez.
Después de tantos
años, quizás uno de los últimos que desempeñó la sastrería en Villa de Cura
fue un viejo operario que diseñaba, cortaba y cosía en una máquina marca
“Triumph”. Respondía al nombre de Ramón Arturo Muñoz. La sastrería fue su
pasión y su modo de vivir. Trabajaba en una pieza al lado del bar El
Samán. . Don Ramón Arturo Muñoz era de nacionalidad colombiana,
excelente persona muy educado. Detenía las labores para reunir a los
ciclistas de competencia. Villa de Cura ciudad a la que tanto amó, fue su segunda
tierra y aquí en esta tierra están enterrados sus restos.
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