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GISELA I (Gisela Matute) aparecen Josefina Cambra, el Paje es Carlos Trujillo
foto facilitada por Manuel Enrique Matute
Por Oscar Carrasquel
Hace muchos años atrás nació una frase romántica muy popular que reza “Recordar es volver a vivir”. Nos volvemos a
encontrar para contarles cómo eran aquellos carnavales antañones, los disfrutamos en grande. Se celebra antes de la Cuaresma cristiana. Se le rinde culto al Dios Momo o Rey Momus, "patrón de escritores y poetas". La
artista cubana Celia Cruz inmortalizó una de sus canciones titulada "la
vida es un carnaval".
Muchos sostienen que desde 1950 hasta 1954, en
tiempos de Marcos Pérez Jiménez, se organizaron unos de los más
fascinantes carnavales en Venezuela. Tanto en la capital de la República y
también en la provincia. La festividad es movible en el Almanaque Rojas
Hermanos, comienza en febrero o en la primera semana de marzo.-.El cabeza de casa andaba
pendiente de los días de asueto para irse de vacaciones con su familia a la
playa o al llano.
Hacen años atrás el Ayuntamiento
de Villa de Cura nombraba una Junta pro-festejos, la cual
desarrollaba una extensa programación, y no conforme con esto, el fin de semana
siguiente se festejaba lo que llaman la "octavita"... La
junta de carnaval estaba representada en cada uno de los barrio, y en comunión con las
instituciones educativas enviaban personal docente, reina, séquitos
y carrozas al desfile central para
magnificar la fiesta.
Durante un "puente"
largo de cuatro días se organizaban comparsas, desfiles de carrozas por las
calles principales, levantaban templetes y en el centro en su trono la Reina. Las calles encementadas se llenaban de papelillos, serpentinas y caramelos, las calles
principales recorridas por las muchachas más bellas y elegantes coronadas como
reinas junto a su corte, montadas sobre plataforma de camiones.
De esa época recordamos a la chica villacurana llenando los espacios de
belleza y alegría entre tantas las jóvenes del ayer ,Gisela Matute,
Gladys Ledezma, Lisbeth Lara Parra, Mireya Coelles, Sonia Meza, Marianela Ascanio, Bergeny
Curvelo Huttado, Maruja Matute, Esmeralda Páez, Carmencita Torres y Adelita
Martínez.
La cuerdita de muchachos que no se habían alargado los pantalones, se colocaban en distintos lugares esperando el paso del desfile disputándose los puñados de caramelos y papelillos que volaban por los aires: ¡Aquí es...Aquí es”.
Uno de los disfraces, quizá el mas colosal de
aquellos carnavales correspondía al canario Agustín
Dorta, quien era propietario de la “Arepera La Única”. Se presentaba
a los desfiles en franelilla y vestimenta de campesino, sombrero de cogollo
sobre la melena, llevando las riendas de una carreta arrastrada por un caballo,
tirando papelillos, repartiendo caramelos y golosinas a la muchedumbre apostada en sus viviendas.
Por su parte, Pastor Ilarraza, un hombre jovial, alto, fornido, se disfrazaba de
rumbera con un vestido de cola, un peinado de pañuelo enrollado en la cabeza, moviendo la cadera al ritmo de la música, cual
la actriz del cine mexicano María
Antonieta Pons. Después del desfile se paraba a bailar en la plaza Miranda, y en la tarde-noche llevaba
su show a los suburbios de nuestra Alameda.
Se realizaban bailes
en el Club Social de la calle Miranda; en el Club Sorocaima, Club
los Amigos; Centro Social Aragua. Por
cuatro noches consecutivas se prendía la
fiesta en los amplios salones del Bar Savery. En cualquier casa particular
había baile de disfraces y concurso de disfraces para los menores de la casa. Además se
realizaban bailes al lado del CVN, con música en vivo.
Damas y caballeros se
intercambiaban irrigaciones con talco Menen y polvo "Sonrisa", se rociaban la ropa con
Agua de Colonia Jean María Farine; tanto las damas como los caballeros se veían
envueltos en aromas de finos perfumes parisienses, que en esa época eran
baratos en la tienda "La Casa de Cuadros".
Hay diferentes
modelos de disfraces de acuerdo a la preferencia, el más llamativo
era el disfraz de "dominó". El arte lo aprendió hacer la
señora Petra Torres; costurera que vivía en la calle Urdaneta; tenía servicio
de alquiler del disfraz de dominó . El disfraz de dominó no era otra cosa que, un imponente gabán colorido con un antifaz para oculta la
identidad. Salían comparsa de todos lados, algunos disfrazados de negrita. En un baile de máscaras era muy usual una frase retadora "A que no me conoces".
En los bares de la
Alameda calle el cementerio, se
prendía una rumba de cuatro días seguidos, gente de acá y arreadores de ganado
que llegaban del llano, se soltaban el moño en el Bar "La
Gavilana" y en el botiquín de don Pancho Espi, tiempo después
cambió de nombre para “Bar La Cubana”. El Negro Testamar, el de sangre llanera,
parrandero incorregible, se disfrazaba de dominó y cuando estaba medio ebrio se
quitaba la máscara para que lo conocieran, seguía envuelto en su dominó sacando pareja con la misma alegría
que lo caracterizaba.
No hay que olvidar
los desfiles de carrozas y bandas show de diferentes instituciones educativas
de Villa de Cura los cuatro días de carnaval, con la participación
de las escuelas públicas y privadas, y la representación del Parque de
Recreación Dirigida CVN; con su banda show tocando la música de “steel band”, y
grupos de danzas, en medio de fuegos artificiales, sonidos de pitos y cornetas. Se integraban a los desfiles,
Clubes sociales, Cámara de Comercio, sindicatos, empresas de servico y
almacenes al mayor.
En la capital de la República,
cuando Caracas era llamada por todo el mundo “ la Sucursal de cielo”, los
carnavales eran esectaculareses, los del Hotel Ávila con aquel slogan del
Musiú Lacavaleri y Víctor Saume “En el Ávila es la cosa”. Aquellos
del Circulo Militar, a cuya fiesta cual asistía el Presidente Pérez
Jiménez con su familia.. Las fiestas en el Club Paraíso; los bailes en el Hotel Tamanaco, Club Casablanca; Club Hipocampo, La Hermandad
Gallega; el baile de disfraces del Terminal de Pasajeros de La Guaira, amenizados por las
orquestas caraqueñas de la época, la Billos Caracas Boys, Los
Peniques, Chucho Sanoja, los hermanos Belisario y Luis Alfonso Larraín. .La
orquesta cubana Sonora Matancera alternaba con Los Corraleros de Majagual,
amenizaban los bailes populares de carnaval en la Plaza Venezuela,
El martes de Carnaval generalmente se
terminaba la fiesta Se jugaba en las calles con baños de agua mezclada
con almidón, negro humo y otras sustancias, a pesar que estaba: "terminantemente
prohibido el juego con agua y sustancias nocivas a la salud"
En cierta ocasión, llegando del trabajo, al bajarme del carro, me
mojaron hasta quedar totalmente emparamado, sin poder evitarlo, me lanzaron
agua pareja desde una terraza, unas vecinas que vivían al lado, eso sucedió en la
calle doctor Manzo, frente a la Aristides Rojas.
El gobierno del General Pérez Jiménez,
quizás por evitar alteraciones del orden público y para garantizar su seguridad,
minimizó el carnaval a partir de 1954, cuando quedó parcialmente
extinguido. La historia nos indica que no fue la meta, siguieron, pero
menguados.
Pues bien, la larga sequía de las
fiestas carnestolendas en Villa de Cura; en los años que corren orgullosamente ha sido continuada por la Fundación Cultural Calle Páez, con una exquisita fiesta carnavalesca en su calle, desfile, comidas,
bebidas y diversiones a granel El Comité de Feria y Fiesta de la calle
Sucre también se niegan a verlo desaparecer y procuran mantener viva la tradición.

Agustin Dorta sobre la carreta en los desfile de carnaval de 1952 Foto Editorial Miranda.
Oscar Carrasquel. La Villa de San Luís, Tricentenaria