sábado, 25 de abril de 2026

HOTELES, RESTAURANT Y PENSIONES EMBLEMÁTICAS

 


Foto tomada por el retratista Ramón Alfredo Corniel
 





                                    Por Oscar Carrasquel

Hacemos este recorrido  por la memoria   para hablar  de  unos sitios  distinguidos de hace varias décadas atrás, casi insistentes ya en nuestra querida Villa de Cura.. En aquel tiempo nuestro pueblo era visitado  por personas con gruesas fajas de dinero, compradores de ganado, sillas para montar a caballo y artículos de cuero, también la criolla alpargata, gente de otros estados  que nos visitaban en Semana Santa y  de hombres  en sus monturas en las coleaderas de fiestas patronales. Me refiero específicamente a hoteles y pensiones en el entorno urbano de la población.

HOTEL EL PARADOR ESPAÑOL

Tiene muchos años de fundado. Actualmente situado a la entrada de de Villa de Cura, comenzando la avenida Lisandro Hernández. Es un sitio de excelencia elegido para celebrar reuniones y por turistas y agentes viajeros, Me indican que sirve de posada para alojar huéspedes ocasionales que continúan viaje para los estados llaneros Guárico y Apure.    
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HOTEL MARIO Y HOTEL MIRANDA

Entre los más distinguidos figuró cerca de la Plaza Bolívar el Hotel Mario, fundado por don Mario  Vicente Diana, de aquellos inmigrantes italianos con sentido de progreso que llegaron a la Villa después de finalizada la guerra en Europa, y acá se sembraron como si fueran árboles. Don Vicente siguiendo su periplo de progreso creó también el Hotel Miranda, todavía vigente en su tradicional dirección de la avenida Aníbal Paradisi de Villa de Cura. Después este hombre visionario y emprendedor en compañía de sus hijos  desarrollaron la Heladería Mario, conocida su fama en varios estados de Venezuela.

PENSIÓN ZULIA

En la esquina donde se cruzan la calle Real  con la calle Bolívar y Villegas, diagonal con la panadería La Reina, existió un caserón de amplios corredores en  cuyo  espacio  en tiempos modernos fue levantado un  edificio de apartamentos.  A mitad del siglo xx, funcionó en este sitio la "Pensión Zulia"  (después se llamó  Hotel Italia) con restaurante anexo, un sitio especialista en platos italianos. Lo atendía, y probablemente era su dueño, un coronel retirado oriundo del estado Zulia llamado Fabriziano Cardozo, quien vivía en esa casona con toda su familia. 

Incursionando en la páginas de la historia, en las primeras décadas del siglo xx, fue una posada  y restaurant  propiedad de la señora Rosario Mercedes Domínguez, natural de Barbacoas, madre de  Ana Isabel  Domínguez de Lombano, quien  habitó la quinta “Las Palmas” en la calle Sucre; doña Ana Isabel, murió con más de 100  años a cuestas, hija del General  Pedro Pérez Delgado.

HOTEL VALLES DE ARAGUA

Setenta  años hacen que en plena calle Real o  avenida Bolívar, casi llegando al cruce con calle doctor Rangel, diagonal a la plaza Miranda, formó parte de la red hotelera del siglo xx ·hotel "Valles de Aragua”, propiedad de la señora Amanda de Coll, una dama de finos modales,  conocida  por hospedar a personas que nos visitaban de otras localidades, especialmente agentes ligados con el comercio mayorista, y también tenían cabida turistas ávidos de conocer a Villa de Cura en Semana Santa y en las rumbosas festividades patronales y en Peregrinación.

HOTEL CONTINENTAL

Quizás uno de los hoteles de mayor prestigio fue el  Hotel Continental, situado en la calle Bolívar, entre  calles doctor Urdaneta y doctor Morales, el cual poseía entrada  por la calle  Bolívar y por la calle Miranda. Se gastaba un comedor adornado con un jardín floreado en el ante patio, era  atendido por sus dueños,  la matrona Teresa Uzcategui de Cuenca y su esposo don Vincenzo Cuenca, de servicio de comedor para viajeros, especialmente del sector comercial y ganaderos, había comida a toda hora. En fiestas patronales se llenaba de coleadores y turistas venidos de todas partes.

PENSIÓN DE JUANITA ECHEGARAY

En aquellos Villa  de antaño, con sus casas de grandes  solares,, con agua fresca de aljibe día y noche, sombreados de samanes a finales de los años 40.. A los ganaderos y peones de vaquería que venían con arreos del llano, luego de terminada su faena, los acampaba  esta pensión que alcanzó celebridad de leyenda,  especialista en la elaboración  de comida autóctona, cuya propietaria fue  una señora llamada Juana Rodríguez de Echegaray, que tenía una gran pasión por la cocina. Por culpa de  un trío de pecas como tres luceros   que se asomaban en su cara, sus coterráneos la bautizaron con el cariñoso mote de “Juanita la tres lunares”;   pensión que existió  en la  calle Páez, en cuyo sitio hoy se levanta la sede de una entidad bancaria.
Juanita era una mujer muy atenta, carismática y de sonrisa amplia.  Lo mejor es que era una dama accesible, aunque rebelde de carácter, a veces regañona, no tenía complejo para soltar un "carajo", o fajarse a puñetazo con cualquiera,  así  fuera hombre.
Me cuentan que fue tanta su vitalidad que era  capaz ella sola de levantar un marrano sobre una mesa para arreglarlo. Un llanerito muy atento a quien se le conocía como “Torcuatro” era su  mandadero de confianza, el encargado de repartir a pie las viandas de comida a domicilio. Una mujer muy hacendosa llamada Jacinta Guzmán,   abuela de Mary Cordero Guzmán, fue cocinera de vanguardia junto con otras damas de la mítica pensión. 
Me aseguran que esta pensión y sitio de comida  era familiar siempre lo visitaban  los señores Raúl Barreto, Enrique Barreto, Félix Hernández Castillo, Indalecio González, Froilán Aguirre, Luis Rosendo Hernández, Juan Bautista Hernández, Antonio Silva, Juan Pablo Álvarez y Martín Hernández,  acudían frecuentemente a la jamás olvidada pensión  que ofrecía en el almuerzo generosas preparaciones milagrosas. para la gente de la tercera edad.
El siempre jocoso y cuentero el  “sordo” Víctor Criollo, me dijo una vez :----- "Lo que sé, es que cantaban, tocaban arpa, bandolas y maracas, noches enteras, gente que venia del llano y de Caracas, y los llaneros amarraban las remontas en el patio. También se dice que allí llevaron a comer a don Rómulo Gallegos en 1948". Lo cierto es que la historia de esta pensión figura en la colección de la Fundación Polar.

PENSIÓN DE JOSÉ LEAL

El señor José Leal,, fue un hombre humilde, de  trato sencillo y agraciada cortesía; toda su vida fue trabajar,, así lo conoció aquella Villa de Cura vieja de mediados del siglo xx. Fue creador de un restaurante muy peculiar ubicado en la calle Comercio, entre doctor Morales y  calle doctor Urdaneta, cuyas mesas eran atendidas por él mismo. Como es de suponer llevaba la estadística de los comensales que llegaban cotidianamente a su local. Por la cocina de este conocido restaurante pasaron muchas mujeres de nuestro pueblo, expertas en el arte de preparar comida criolla, tal como doña Felicia Ceballos,  que   paseó su gran experiencia de cocinera  por la vida de este restaurante.. Usted pasaba a la hora precisa y este local siempre estaba atestado de comensales de aquí y de fuera. Ofrecía  de lunes a domingo desayuno,  almuerzo y  cena, pero además preparaban comida para llevar, con el requisito  que el cliente debía de llevar la vianda.
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PENSIÓN ARICHUNA

En la parte  Este de la calle Blanca, hoy calle Miranda, en una casa grande de techos rojos y cuatro corredores; en este sitio en los años 60s existió la "Pensión Arichuna". El viajero  que venía del llano la descubría por el aroma que salía del fogón y llegaba hasta la calle. De allí salían los más exquisitos platos de la gastronomía criolla. Famosa por lo limpio y bien cuidadas habitaciones. Fue fundado el hospedaje por la apureña  Georgina Veliz, llanera de sonrisa abierta. El nombre fue en homenaje al pueblo de Arichuna,  municipio San Fernando de Apure, de donde era oriunda ella y sus descendientes.  

 PENSIÓN LA LLANERA .

La ´promotora y profesora musical @sayury nos presenta un sitio de alojamiento y comida muy representativa de la vida del llano denominada "Mi Pensión Llanera". Calidad y precios populares. La especialidad culinaria de la casa era el típico y madrugador sancocho de "curito"  y; "teretere" con arepas de fogón para desayuno..  La Pensión estuvo funcionando hasta los años de la pandemia en la Parroquia Las Mercedes, cerca de la Manga de Coleo.
 
Guardamos con amor puro estos recuerdos que hoy trae la brisa a la memoria compartiendo un café y una negrita bien fría un fin de semana  Son remembranzas dificultes de caer en el olvido un paseo por nuestras historia gastronómica y hotelera.

Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis, Tricentenaria. 



jueves, 23 de abril de 2026

¡ FELIZ DÍA DEL LIBRO !

   

      


¡ FELIZ DÍA DEL LIBRO ¡

      Oscar Carrasquel

¡Oh! Que alegría por aquellos

Que varios libros escribieron

Yo nunca pude entregar un libro

Pues hay que darse cuenta  

Que el papel, la tinta e impresión

Se pusieron por las nubes

Abrevé en textos de Neruda, Gallegos

Y Andrés Eloy, entre otros

Y no debo dejar atrás Cien años de Soledad

Pero el paseo más alegre de mi espíritu

Es leer de poetas del terruño 

Lo escrito por Rosana Hernández

Los libros por Ingrid Chicote

Y de los caballeros del soneto

Vinicio Jaén, Omar Gutierrez y  J M Morgado

Hoy quiero escuchar un poema largo

Declamado por la poeta Ermila Ysaya

Por ejemplo, Balada de Hans y Jenny

Sabe toda la colección de Aquiles Nazoa

Y si quieren saber la historia real

De mi primavera literaria

Ansío yo pueda publicar mi libro

Que contiene crónicas y poesía

Feliz este glorioso Día del Libro

Autores, escritores y libreros

Diseminados en toda Villa de Cura.

 

miércoles, 22 de abril de 2026

EL LIBRO QUE ME TRAE OLDMAN BOTELLO

 

 

                        EL LIBRO QUE ME TRAE OLDMAN BOTELLO

¿Cuánto te debo ? 

"A mi no me debes nada".

 

                                     Por Oscar Carrasquel

 

Jamás he sido crítico literario hermano, pero nunca puedo dejar de discernir, de tener tiempo para repasar un libro llegado a nuestras manos del miembro de la Academia de la Historia profesor Oldman Botello. Al tratarse de un libro editado en el año 2020 titulado LA RUBIERA Y LOS MIER Y TERÁN, UN LATIFUNDIO Y UN LINAJE  

Sus paginas son como un diario de cuanto aconteció en aquellas tierras que fueron explotadas por una sola familia a partir del siglo XVIII. Se trata del hato más  famoso y emblemático de todos los existentes en Venezuela.

El Hato La Rubiera fue de todas las épocas el más grande latifundio en extensión  Llegó a tener 160 leguas. y  por supuesto, con un  rico inventario de cabezas de ganado y atajos de bestias. A don Sebastián Mier y Teràn, que traía fama de hombre acaudalado, se le atribuye la propiedad original de esas tierras, familia proveniente de El Ruente del Valle de Cabuérniga-Cantabria, provincia de España; de donde eran oriundos, rubios de cutis y apellido,  Sebastián era el mayor de los Rubios,  la posesión  se llamó   "La Cruz Rubiera",  ubicada al sur del estado Guárico cerca de Cazorla, en jurisdicción del municipio Miranda.

El autor nos dio a conocer que,  entre sus propietarios figuraron otros miembros de este linaje. En 1915 fue adquirido este hato por el General Juan Vicente Gómez,. Todavía se habla que el último dueño particular en el siglo XX fue el comerciante y hacendado establecido en Villa de Cura don Adolfo Ramírez.

Para conocer su historia  basta abrir bien los ojos y recorrer las 150 páginas del mencionado libro, hasta que uno se puede dar por satisfecho con su lectura. Para conocerla les pido a los amables  lectores que nos acerquemos a ella con atención recordando que encierra el talento y la capacidad de este esclarecido escritor y cronista villacurano  Oldman Botello, dedicado hace muchos años a la investigación histórica de los llanos.

El libro tiene la suerte de haber sido editado por la Editorial Miranda  de Villa de Cura, con la asesoría del escritor su director Inocencio Adames Aponte , con su reconocida capacidad modernista de impresión, el diseño de la portada estuvo bajo la responsabilidad de la licenciada Maribel Ovalles.

Y el respaldo de una distinguida dama de la Villa de Todos los Santos de Calabozo, perteneciente de la parentela de los Mier y Terán, a quien se le atribuye el propósito para la edición de esta obra. Otra característica que subyace en la obra es el prólogo muy elocuente y minucioso de la profesora española Virginia Calvente Iglesias, ya fallecida.

Abundan en el libro una temática muy variada centrada en la investigación genealógica con plenitud y precisión de una familia legendaria como fue los Mier y Terán, y la evocación de sus pariente, desde sus inicios en su España de nacimiento y el recorrido de su vida  habitual en Venezuela.

Una premisa importante es que en el libro sobresale la belleza de la naturaleza, los caminos andados,  de continuo nos da a conocer la tierra  llana, áspera y blanda a la vez, cuando aparece recorrida palmo a palmo por el autor.. Se detiene  Botello a contemplar el horizonte y las  grandes extensiones de tierras en posición de sus antiguos dueños, separadas por grandes distancias unas de las otras, en casi toda la geografía del llano bravío.

Los llaneros, hombres de la sabana y de vida  astuta. Los nombres de viejas comarcas y caminos polvorientos, ríos y caños; las grandes extensiones de sabanas donde eran abundantes las puntas de ganado   y la fauna que ya no existe, tampoco son omitidas. Vamos a entender en su lectura lo que es la maldad y el bien unidas para sobrevivir..

Nos ofrece la obra al final de sus páginas un compendio de fotografías ilustrativas, testimonios de la oralidad, mapas y  documentos. Desde el comienzo hasta el final en su lectura no hay olvido ninguno de parte del autor, escrito con una sencillez expresiva como nos tiene acostumbrado este historiador villacurano..

De este hato en otrora gran productor de ganado y leche. Hoy solo queda el nombre y la leyenda.

 

La Villa de San Luís, 15 de abril 2020

 

lunes, 20 de abril de 2026

DON ROSENDO MARTÍNEZ MÁS DE 70 AÑOS HACEN

 

 

                                    Sitio web de la imagen: http://acpinolere.blogspot.com/

 

 

Por Oscar Carrasquel 

!Que gusto es  recordar el tiempo ido! uno aprende de los  personajes esenciales llenos de historias. Era grato observar a mitad del siglo xx las pisadas del vendedor de pan por todas direcciones.  Les cuento que  la comunidad de Las Tablitas y franjas aledañas, se acostumbraron a la presencia de la figura de  don Rosendo Martínez. Un comerciante informal que se dedicó con tesón a llevar el pan hasta la puerta de los hogares. Se hacía acompañar,  y algunas veces encaramado del lomo de un manso burrito. 

Sobre cada lado, cargaba sendos canastos de mimbre repletos de algunos tipos de pan.: Pan dulce y salado, catalinas rosadas y oscuras, señoritas, bizcocho redondo y rebanadas. Pero mayor era el inventario de pan de piquito, también conocido como pan francés “de a locha" y recortes de dulce.; cargaba  en la bata  una libreta de rayas y un tocón de lápiz  para anotar los fiados con plazo de una semana. Sus proveedores panadería El Comercio, la más famosa de la Villa,  y la panadería “La Modelista” de Francisco J. Parra, situada  en la calle Sucre.

En los días pascuales  no se daba abasto, por la cantidad de encargos de pan de jamón de pierna,  receta casera de Juan Pancho y sus ayudantes,  a tres bolívares la unidad, para acompañar a la hallaca en la cena de nochebuena, familias ricas y pobres hacían una cola desde temprano. 

Don Rosendo fue fundador de la dinastía Martínez Rodriguez,  muy apreciada familia de empatía en Las Tablitas, Habitó con su familia  una casa solariega de bahareque , que todavía existe, ubicada en el callejón 1, hoy  calle Mateo Vargas, a 100 metros antes de llegar a la “caja de agua”.. Fue don Rosendo Martínez un hombre de trabajo y padre de familia responsable muy apreciado. Fuera de su labor era bochador en cualquier patio de bolas criollas. Tambien  hacía el papel de juez "coime".

Rosendo se casó con la apreciada matrona doña Adela Rodriguez de Martínez. Sabemos que la señora Adela se distinguió por ser la hacedora de las célebres arepitas dulces de antaño, y  bollitos dulzones degustados con un café por  los patinadores, y feligreses que salían en cambote de las misas de aguinaldo. Quizá por ser un hombre de contextura delgada  y bajo de estatura, la fonética del habla no lo llamaban por su primer nombre completo. En  el pueblo atendía por  “Rosendito”,  sobre todo en la calidez de los amigos cercanos. Lo cierto  es que su alimento tuvo mucho auge, por ser el pan de trigo  un alimento con sabor de antaño. Todos sabíamos que debido al surgimiento  de las panaderías de portugueses, se fue imponiendo la modernización. El viejo panadero dejaba en la puerta de cada casa, ocho panes  de piquito en una bolsa de papel kraft, por un bolívar, y si usted lo deseaba adquirir al detal, una locha por unidad. 

Tuvo fama de caminador el  burro de Rosendito, siempre conservó la rapidez, soltura y agilidad de cuando era pollino. El sonido producido por los cascos en su galope por la tierra seca alegraba almas y corazones, traía el aroma del pan de trigo

Entonces, emergió de la sabiduría popular un dicho  para sentenciar a todo aquel que realizaba una gestión urgente o andaba con mucha prisa; cien por ciento le iban a disparar el refrán tradicional de aquel tiempo ¡Andas más apurado que el burro de rosendito!.

Aquel panadero nunca le cerraban la puerta todo el año.  Un día, no recuerdo la fecha,  lo vino a recoger la muerte a Villa de Cura, a llevarle lo único que poseía, la vida.

 Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis Tricentenaria

 

sábado, 18 de abril de 2026

CUANDO SE MUERE DE PIE

 

Foto de archivo Milagro Almenar


CUANDO SE MUERE DE PIE

           Oscar Carrasquel

 

Naciste  por casualidad

En este cruce de caminos

En una familia de samanes

 

La savia deja de correr

Tu reloj no marca el tictac

Ya no puedes resistir

Ni ganarle la batalla al tiempo

 

En otoño renuevas algunas

De tus gruesas hojas

Para vitalidad de tus entrañas

 

Se siente que hacen sus nidos

Paraulatas, turpiales y torditos

Que vienen a chupar tus frutos

 

La lluvia hace reverdecer  tu piel

Como rey de la naturaleza que eres

 

¿Que dirán los que te ven

Detrás de esa pared

Arañado por otras especies?

Querido amigo, paisano

Te estás extinguiendo poco a poco

 

No resististe tantos avatares

El tiempo divide tu tallo en una "Ye"

Vives como lobo de mar

Una longevidad eterna

 

¡Oh! Noble viejo Samán

De la esquina  La Garita

Profundas tus raíces están

En esta tierra villacurana

¡NO ME DEJEN MORIR ¡

 

                                   ¡NO ME DEJEN MORIR ¡

 

                                           Por Oscar Carrasquel


 

Sería un regalo ideal para la ciudad tricentenaria recuperar su fachada original. Hay casas emblemáticas como la de la gráfica  en el casco urbano de la población que se niegan a morir, todavía resisten la ferocidad del tiempo en silencio. ¿Cuántos años tendrá?. En algunos momentos fueron útiles a sus inquilinos y a la sociedad. Sus ventanas de balaustre saben a un tango y una milonga cuando apenas despertaba la madrugada. Hoy en día es un cascarón vacío. Sus horcones, paredes y techumbre aún  conservan la memoria de un pasado remoto difícil de olvidar. Ya no es grato pasar por el frente. 

En plena calle Comercio de Villa de Cura se encuentra como respirando hondo, llena de escombros, el verdor de las plantas parásitas que  deslizan su nutriente hacia la calle.

Se marcharon a la eternidad sus eternos guardianes . La voz de Juan Pancho Rodriguez y la poesía oportuna de Juan Bautista Alayón se encuentran grabados en sus paredes. El área de oficina, un nicho lleno de libros, tangos y fotografías. Su utilidad en el pasado fue diversa. En su amplio Horno Panadero, mujeres y hombres de barrio de nuestro pueblo rindiendo muchas jornadas.

La gráfica la muestra como si estuviera en las puertas de un abismo, tal vez dibujando una leve sonrisa de maternal aspecto, seguramente debe estar pronunciado esta angustiosa frase: !No me dejen morir, quiero ser eterna!.

 

viernes, 17 de abril de 2026

EL SAMÁN DE LA CALLE NUEVA ESPARTA

 

Crédito foto tomada por María Teresa Fuenmayor


EL SAMÁN  DE LA CALLE NUEVA ESPARTA


             Oscar Carrasquel

Bordas la piel del cielo
Igual a un paraguas vegetal 
Samán centenario de mi pueblo. 

Recostado a la fila de pared
de un estadio de mi Villa
En una callejuela ciega

Vestigio del paisaje
de la sabana tendida 
Que todavía huele a mastranto

Apenas eres silencio
Desde aquí se siente 
El vuelo de las mariposas
de todos los colores
 . 
Allí a la vista
Magnánimo y sereno,
Vigilante  en esa calle ciega
Esperando el aguacero

Deshojando recuerdos lejanos
Resistiendo soles de verano
Aportando tu generosa sombra 

Expones al desnudo tus ramas
Para que los pájaros "pico e planta"
Chupen la dulzura de tus  mieles

Ahí sigues por esa puerta 
Que da a la casa de una poeta
contando los años.

  



HOTELES, RESTAURANT Y PENSIONES EMBLEMÁTICAS

  Foto tomada por el retratista Ramón Alfredo Corniel                                       Por Oscar Carrasquel Hacemos este recorrido  por...