martes, 17 de marzo de 2026

REMEMBRANZAS SOBRE EL POPULAR JUEGO DE CAIMANERAS

 

 

Por Oscar Carrasquel

 

En la práctica del deporte podemos encontrarnos algunas variantes familiarizado con el beisbol en Venezuela. En esta oportunidad venimos a recordar  con cariño sobre el apasionante juego entre “Caimanes” y  lo viejo de ese pasatiempo de tanta diversión para las almas. Tal vez muchos de nuestros amables lectores lo practicaron o fueron fanáticos de este guerrero espectáculo de tantas incidencias,  y anécdotas. La crónica periodística de la época habla que,  las primeras "caimaneras"  se jugaron en el estadio Cerveza Caracas a mediados del año 1928

La historia en Villa de Cura comienza en los años 40 y 50 del siglo xx cuando lo disfrutamos en  el viejo  estadio de La Aduana, y en los años siguientes se mudó para el terreno de “Los Cerritos”, hoy estadio Ramón María Acosta.  La mayoría de las veces las personalidades que escogían aquellas partidas fueron  Inocencio Adames Barrios, Rómulo Guerra, Pedro Ezequiel González, Andrés “grillo” Álvarez y Pablo Acosta, cargados de satisfacciones por su amor al deporte.

Quien escribe era un juvenil sumiso en ese tiempo actuaba  de coime depositario, recolectaba las monedas de plata en una bolsa de tela y pagaba.

Hacían partidas todas las tardes haciendo de la vida un momento placentero.  El juego entre "caimanes" era una guerra de nervios,  batazos, carreras, errores, discusiones;  pero  esto no venía solo,  después al finalizar los encuentros, entre todos colaboraban y  preparaban un sancocho de gallina de corral o una parrilla, 

Los partidos se realizan entre jugadores a nivel de variadas categoría, ante la presencia de una cantidad de fanáticos y familiares cercanos para celebrar una efemérides o un acontecimiento social, por lo cual .se define  como una especie de compartir.

Como es de recordar son partidos de corta duración, que no pasan de tres entradas. Lo  cual sugiere que se podía jugar cinco o seis encuentros hasta que oscurecía.  Queda en el recuerdo  la vez que se hizo casi de noche y tuvieron que encender los faros de un jeep para concluir  una “caimanera”.

Una de sus características es que  no se utiliza manager, tampoco árbitros, ni precisa de cátcher de peto y careta. Las sentencias la proporcionan los mismos jugadores, por eso se presentan discusiones,  algunas jugadas sufren sentencia por la algarabía de la barra que está detrás de la malla, incluyendo la mujer buenamoza.

Quienes vimos estos encuentros se les hace muy fácil recordar expresiones  y hasta frases incoherentes de aficionados durante el desarrollo de un encuentro. Se oían reacciones que hemos querido subrayar.

                                     ¡Eso es out aquí y en Pekín!

                                Quién bateaba un flaicito que lo atrapaba el receptor o  el picher, le decían: deja esos globos para¨ lanzarlos  en la plaza.

                                    ¡Tú no bateas ni con una guitarra!

Ciertamente  se apostaba plata de poco monto  y el conjunto ganador se quedaba con el pote, lo suficiente para mandar a comprar  una o dos cajas de polarcita o caraquita, las cuales venían en cajas de cartón a un costo de 13 bolívares, de aquellos de hace 50 años atrás.

Estos eventos se hicieron tan populares que se jugaba en todos los parques de Venezuela, entre peloteros profesionales y clase “AA”, fuera de temporada y los que ya estaban retirados, lo  organizaban para la distracción de jugadores y sus familiares. 

Una de las  "caimaneras" que tuvimos la oportunidad de presenciar fue en el icónico  estadio "Juan del Cerro Tovar", en Araure, estado Portuguesa, entre ex jugadores profesionales del equipo "Pastora de los Llanos". La tribuna central estaba llena de aficionados, periodistas como mi amigo ausente Carlucho Ojeda, dirigentes y el grupo de familiares de los jugadores.

Hoy por hoy lamentablemente  las tradicionales y emocionantes “caimaneras”  dejaron de existir, no las hemos visto más   Creo que en 1960 fue el último encuentro entres dos escuadras de Las Tablitas en Villa de Cura. Una de las causas pudiese ser naturalmente el elevado costo de implemento, bates, pelotas, tacos y franelas.

Hoy en día la realidad  es otra. Lo cierto es que  Villa de Cura  se quedó sin sus  "Caimaneras".  Los viejos robles del béisbol  como  Henry Álvarez, narrador,  hombre  de  radio, y otros como  Gerardo Barrios, pelotero entrenador, se quedaron sin  vivir  ni sentir las emociones de este popular deporte. ¡No saben de los que nos estamos perdiendo ¡

Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis Tricentenaria.

 

 

 

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