Me animan varias razones para reproducir este especie de díptico, un articulo minucioso como las hojas de un libro, lo que trata es una retrospectiva de una vida llena de virtudes, hombre honesto. de la época dorada.
Cuatro largos años han trascurridos hoy de su partida a los predios de la eternidad de don Félix Lisandro Hernández Castillo, lo conocimos mucho, muere el 25 de mayo de 2022, De tal manera que nos sentimos complacidos de haberlo tenido como nuestro amigo. Ahorita andará por las calles del cielo.
Por Oscar Carrasquel
Esta nota viene a ser la semblanza de este honroso caballero, de gran empatía y humildad, de aquellos que no muere nunca, vive a través del tiempo en el corazón de todos los que lo conocieron.
Un hombre de puro abolengo villacurano, una persona común, tratable, transparente, sin etiqueta alguna. Su apellido paterno fue muy pronunciado en el sector comercio y ganadero de la Villa de San Luís antigua y también la moderna. Sabe que los años disminuyen la velocidad de los pasos, y que ya no es el mismo hombre vigoroso de antes; aquel que comenzamos a tratar en plena juventud, tal vez de 35 años, en aquella circunstancia que me lo presentó mi finado padre allá en su negocio ubicado en una curva esquina de la calle Real.
Fèlix entonces un hombre hombre enérgico y empinado como una palmera, el tiempo ahora lo obliga a caminar un poco ladeado, despacito, ayudado por un bastoncillo de aluminio golpea en las aceras de cemento. De clásico sombrero Borsalino, bigotes blancuzcos con las puntas abiertas, buscando el estilo de Dalí. Ejemplo de amable cortesía y educación, así queremos identificar a este hombre de larga jornada. Nunca ha sido un caballero de corbata, pero siempre lo vemos bien vestido, inmaculado, disfrutando de las cosas elementales que brinda la vida.
De pronto encuentra las puertas de la Iglesia Matriz cerradas, observa el reloj del campanario marcando las 10 y 30, y se sienta cómodamente en un banco de la plaza Miranda, debajo del ramaje de un árbol de cotoperíz, pensando que por algunas de sus avenidas va a desembocar don Rafael Mosquera, para oírle narrar las aventuras de caza y episodios de pesca en ríos del llano,
De allí iba a la casa de grandes afectos de don Roger Barreto Álvarez, a charlar un buen rato y saborear un café negrito. Con la sombra de 88 años a cuesta don Félix, no ha perdido la capacidad de alegrar el corazón, de lanzar un piropo a una bella dama en la calle, de soñar, de amar las cosas sencillas que deja el brillo de la vida.
Nace en Villa de Cura el 21 de febrero de 1928. Y en el legajo de papeles de la iglesia Matriz reposa su partida bautismal . Mucho nos habló de su opinión sobre la jornada fundacional de la tierra nativa, aunque quizá la historia con sus variantes no la misma que cuentan los especialistas.
La madre que le dio luz se llamó doña María Teresa Castillo de Hernández, nativa de Tinaquillo, Municipio del mismo nombre, estado Cojedes. ( se vino desde pequeña a la Villa después llegó a ocupar la jefatura de la oficina Correos). La fundación de Tinaquillo está en discusión, pero algunos historiadores sugieren que fue en 1760. Félix nombra con profundo orgullo a su padre don Manuel María Hernández Utrera (1889-1935), natural de Villa de Cura, hijo de don Lisandro Hernández y de Ana Utrera. La cría y comercio de ganado vacuno fue su vocación. En total fueron siete los hijos de los Hermandez Castillo, en este orden: Manuel Enrique, Félix Lisandro, Juan Bautista, Carmen Teresa, Ana María, Ana Teresa y Estela María.
En el viejo cementerio de la calle Comercio reposan los despojos de muchos de sus antepasados distribuidos en otros apellidos. Además de la Hernandera, de ese tronco se derraman los apellidos Motamayor, Carabaño, Sumoza, Utrera, Pérez, Ríos, Montañez. Hacendados, comerciantes, universitarios de diferentes especialidades, agricultores y ganaderos, desde el primero hasta el último es nativo de Villa de Cura.
Al ponerlo a recorrer los espacios de su lar villacurano va explorando sus calles y avenidas, que llevan nombres de sus antepasados. Siempre brotando sus nostálgicas reflexiones en las páginas de la revista Expresión, la transformación sufrida por Villa de Cura desde su infancia, pasando por su juventud a la madurez. Rememorando las casas viejas y la obligada contemplación de la legendaria casona de sus padres frente a la plaza que fue testigo de su nacimiento, crecimiento y formación.
Este personaje goza del arte de la escritura y la comunicación social por inquietud natural, posee una monografía documental del árbol genealógico de la familia, el cual poseemos con el permiso de sus hijas. Toda su niñez y juventud la habitó en una casa grande de alto portón y grandes ventanales que se levantaba frente a la Plaza Miranda, por la calle Comercio de Villa de Cura.
Don Félix Hernández es esa especie de Mecenas. Su memoria continua siendo como un libro abierto. Recuerda con nitidez los lejanos carnavales de comparsas y bailes en la plaza y de jugar con agua y los festejos en honor al santo patrono San Luis Rey. De los grandes desafíos en la sabana de la villa por el simbólico club de béisbol Ayacucho Star BBC. De cuando concurría de las manos de su madre a las misas oficiadas por el sacerdote Galindèz y el cura doctor César Castellano. Y que la única corriente de agua limpia que atravesaba la ciudad de sur a norte, era la quebrada de Curita. que alimentaba la laguna del paredón de la Represa.
Se conoce de memoria el nombre que le dieron antiguamente a cada esquina de su pueblo. Con absoluta lucidez tiene su mente como un diccionario para conocer los nombres y apellidos de las familias que habitaron cada calle de La Villa. Muchas de estas viejas vivencias las dejó estampadas con precisión en las páginas de la revista Expresión, una publicación de lujosa calidad y presentación editada por la editorial Miranda de Villa de Cura, en tiempos recientes. Es también narrador de agradables anécdotas, lector apasionado de la historia y sus protagonistas y conocedor de la cultura, la literatura y la poesía.
Jamás ha incursionado directamente en el mundo de la política, pero ha seguido atento los acontecimientos que desequilibran a su país como un observador imparcial de recto juicio. Siempre gozó de consideración y respeto de parte de los partidos tradicionales incluyendo los del partido Comunista, con quienes no tenía complejo de reunirse en franca camaradería. Muchos de ellos fueron sus condiscípulos y la amistad visible y respeto la mantuvo siempre con el poeta José Manuel Morgado, Oscar Morgado, Félix Valderrama, Víctor Hernández Ramos y otros que nombra en sus conversaciones. Aparte de esto, amigo del finado "el negro" José Nuñez y del bardo, tanguero y cronista Vinicio Jaén Landa, y de tiempo en tiempo, dice dispensar una cordial visita a su amigo Oscar Carrasquel, a disfrutar de su compañía y de un aromático cafecito, como también iba a ver con frecuencia a su amigo Inocencio Chencho Adames, en la empresa Editorial Miranda.
Me habló del paso en el año 20 de la caravana de autos precedida por el General Juan Vicente Gómez, cuando hacia el recorrido de Maracay a San juan de los Morros se paraba en la hacienda La Aduana, seguía su camino el general Gómez a tomar rociados de las aguas sulfurosas en los baños termales. Debe tomarse en cuenta (me dijo). Que muchos años atrás el paso principal era por la calle Sucre saliendo por La Garita, antes de ser la calle Bolívar la más importante.
Estudió en la centenaria escuela Arístides Rojas donde cursó la primaria completa. Cuántas veces no cruzaría aquel niño la plaza Miranda, con sus pantalones cortos y medias a la altura de la rodilla y un bulto de cuero colgado a la espalda para asistir al colegio. Emprende su carrera de bachillerato en el Liceo Germán Roscio de San Juan de los Morros, y de allí pasó a continuar y terminar su jornada de estudios de secundaria en el Liceo Pedro Gual de la ciudad de Valencia.
De regreso a Villa de Cura y debido a las escasas oportunidades de empleo, no le quedó otra cosa que aprender y dedicarse a la manufactura de objetos de cuero en la Talabartería Venezuela de Juancho Cabrera y posteriormente se dedicó al pregón y la venta de periódicos en la calle, para proveerse de los realitos. Pero resulta que otra era su meta.
En esta encrucijada de saberes fue técnico agropecuario estudioso del progreso agrícola en Venezuela que arranca en 1932, por iniciativa del gobierno del general Juan Vicente Gómez, con la creación de la Escuela Practica de Agricultura con sede en el sector La Providencia Turmero estado Aragua, Fue Integrante de la novena promoción de Peritos Agropecuarios egresada el año 1947, siendo director el ciudadano Alfredo Lozano Villegas; institución que realizó labor de extensión agrícola y pecuaria, siembra completa y pioneros de la mecanización de la tierra en casi todo el país, cuando todavía no había sido creada la Facultad de Agronomía de la insigne Universidad Central de Venezuela.
Egresados de la promoción en los años 44-46 de esta escuela como Perito Agropecuario se mencionan los nombres de Jesús Filardo Rodríguez, Alfredo Fontiveros, Tirso Ramos Graterol, Ciro Añez Fonseca, Waldemar Cordero Vale, Eduardo Cholett, Concepción Quijada, Ildegar Pérez Segnini, Julio Montenegro , Argenis Vivas. Así como otros que fueron empresarios del campo, comenzaron desde abajo y después de mucho esfuerzo y trabajo se hicieron grandes patrones.
Casi todos los nombrados anteriormente fueron a tener a territorio del estado Portuguesa, convirtiendo esa región en unos de los más importantes polos de desarrollo agrícola y pecuario que conoció el país en toda su historia.Turén era llamado en tiempos no muy lejanos el "Granero de Venezuela". Vayan a ver lo que es hoy en día.
Protagonistas del Plan Nacional Arrocero, creando y orientando la marcha de los centrales azucareros, programa impulsado y puesto en ejecución por el comerciante y economista apureño Saverio Barbarito, desde la otrora Corporación Venezolana de Fomento. Estaba en ese momento en ejercicio de la presidencia de la Republica de Venezuela, la Junta de Gobierno presidida por el coronel Carlos Delgado Chalbaud.
Félix Lisandro, sintió que el amor es para toda la vida, conoció, compartió canciones y paseos, se hicieron novios y casó con la joven Piedad Bencid Olivo, de origen marroquí, nacida en San Juan de los Morros el 28 de abril de 1928; de esta unión surgen cuatro hembras: Gloria Coromoto, Diana María, María Soledad y Cecilia Isabel; toda la camada nacida en Villa de Cura, integras de intelecto de formación profesional en distintos saberes humanos. Un padre responsable que supo encaminar a su familia. Quizá su mayor triunfo fue la educación de sus hijas quienes además aprendieron a leer perfectamente las lecciones de la madre, No se dejó abatir por ninguna dificultad que pudiese haberse hecho presente y siempre estuvo alerta para hacerle frente.
Félix Hernández Castillo, en el apogeo de su juventud desechó la idea de acogerse al plan de entrega de tierras y créditos del gobierno a los técnicos egresados de La Providencia y se quedó anclado en La Villa.
Pasado el tiempo logra crear en sociedad con su primo Luis Besson Carabaño, una pequeña empresa distribuidora de alimentos para animales, medicina veterinaria y demás insumos para la industria agrícola y pecuaria, ensanchada con la comercialización de textos y folletos para la enseñanza de la agricultura y la cría, y al mismo tiempo fomentar las bibliotecas en los fundos de los valles de Aragua y de los llanos centrales. Esta agencia tuvo su sede única al final de la avenida Bolívar a salida de Villa de Cura hacia San Juan de los Morros. En un aviso comercial elaborado por "6 jas" hacia la calle, al lado de la casa de familia Albano, podía leerse: “Hernández & Besson”.
Cargado de años, a veces lleno de alegría, otras de nostalgia, de satisfacciones y sinsabores. Su figura elegantemente vestido semejando a una joya antigua, con la acumulación de una gran experiencia y consagración al agro y la cría en Venezuela, dignificando la que fue su amada profesión. Don Félix, gracias a Dios, se mantiene activo en la vida, aprovechando el tiempo para contar las sonrisas que pudieran llenar su día a día y recordar los sueños que tienen sus noches.
Muchas veces lo encoramos asomado por el marco de un ventanal de su apartamento en la calle Bolívar, o nos hemos encontrado en un cruce de una esquina, o nos hemos detenido en una conversa hora y pico en un banco de la plaza Miranda, bajo los arboles corpulentos repasando recuerdos; o, dejando pasar un chubasco bajo el saliente alero de algún sobreviviente caserón de nuestro pueblo, con sus ojos perspicaces palpitando detrás unos espejuelos oscuros, y su robusto cuerpo sostenido por las dos manos apoyadas sobre su bastón de cuatro bordes que golpea lento en la acera.
Guarde pues nuestro Dios creador a este gran hombre, como ejemplo y honra para las generaciones presentes y venideras. Un abrazo largo interminable para don Félix Hernández Castillo, amigo hasta lo infinito, en el afecto y la familiaridad.
Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis, invierno de 2016.