imagen extraída por Félix H Herrera
Por Oscar
Carrasquel
Dedico esta cronica allá en cielo a mi inolvidable amigo Miguel Ortíz Mena
Una mujer alta, recia, seca de pocas carnes, usaba un vestido largo estampado que casi le rozaba los jarretes, y el pelo cano recogido atrás en un moño sujetado de una
peineta. Por décadas se cuenta el tiempo
que anduvo a pie con un azafate de madera sobre la cabeza, haciendo un
equilibrio, pero nunca lo sostenía con las manos. Católica el Santo Sepulcro y
la Virgen de Lourdes guiaron su grato paseo
por la vida.
Nos dejó la virtud y el honor de conocerla personalmente con exquisita admiración, tanto a ella como también a su familia. Carlina vino al mundo junto con el siglo xx, nacida el 14 de octubre de 1902. Conocimos y anduvimos las calles con sus hijos.
Procreó dos hembras y tres varones en el siguiente orden, Gladys, Olga, Iván Horacio, Oswaldo y Roberto; abuela consentidora de su nieto el psicólogo Antonio Pérez Padrón por años músico baterista
del Grupo Tinajas. Siempre fue una mujer de vida modesta pero aprendió todos
los secretos de la cocina venezolana. Por cierto trabajó en la casa del doctor
Rafael Caldera en Sabana Grande Carscas; no fue contratada para servicio de
utilería, sino como cocinera y
confitera. Con voz firme y elocuente sostuvo diálogos con el presidente Luís
Herrera Campins.
Su infatigable laboriosidad en
Villa de Cura consistió en elabora el famoso bizcochuelo y la exquisitez de
la línea de Jalea de mango verde y el maduro amarillo; y en contados días sacaba un
majarete sumamente popular, pudin, pelotas en hojas de plátano. Ah y en
temporada navideña no se daba abasto
para suplir los encargos de la tradicionales hallacas y bollos navideños y de
agregado preparaba una deliciosa ensalada de
gallina con sabor de antaño. . Siempre la veíamos que cargaba la plata de la venta envuelto en un
pañuelo blanco y lo guardaba metido en el seno.
A esta crónica anexo aparece una foto de Carlina, extraído de un artículo de nuestro amigo y hermano Inocencio Adames
Chencho en la Revista Expresión. En la investigación colaboró René González Romero.
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