Por Oscar Carrasquel
La sastrería, más que
un oficio es un arte, algunos aseguran que está en extinción, lo cierto
es que ahora casi nadie desea aprender a ser sastre. El arte de la sastrería
fue una materia, que antes la enseñaba la Escuela de Artes y
Oficios, Hoy Leoncio Martínez. Creo que nosotros necesitamos deberíamos volver a transitar esos pasos.
El sastre se encarga de tomar medidas, trazar, puntea, corta y lo lleva a la máquina de coser.. Un traje hecho a la medida implica, probarlo las veces que sea necesario para que quede ajustado al cuerpo de la persona.
Una de las casas espertas en trajes de liquilique a la medida en Villa de Cura fue la recordada “Sastrería Núñez” de don Manuel Núñez, ubicada en la calle Blanca o Miranda, cuya sastrería siempre exhibía como decoración al frente al negocio, un paltó de liquilique montado sobre un maniquí con la cara de Carlos Andrés Pérez, y otras veces con el rostro de Rafael Caldera;
Plena de vivencias y añoranzas fue la sastrería “La Fortuna”, de Vinicio Jaén Landa, instalada en dos direcciones, calle Bolívar y finalmente en la calle el Comercio. La gente de aquí y del llano, mucho antes de salir a comprar un liquilique o trajes personalizados en tiendas de Caracas o Maracay, acudía a la sastrería "La Fortuna", que también fue perfumería y relojería. . El hombre que cortaba y confeccionaba en una máquina de cosser se llamaba Andrés Delgado, a quien todos conocimos como ”El gallo Andrés”. . Tanto Ángel Custodio Loyola, el Carrao de Palmarito y los músicos del conjunto Serenata Guayanesa, y otros artistas afamados ordenaron más de una vez sus trajes en esta sastrería.
Otro que se decidió a montar su propio negocio por la calle Doctor Morales fue don Víctor Montenegro. De esta cuevita salían hechos trajes y pantalones a la medida. Reparaba y modificaba tallas y ruedos de pantalones. En este local sonaban los platos y los cubiertos.
Uno de los talleres de sastrerías más distinguidas y elegantes de la época en Villa de Cura fue conocido con el nombre de Sastrería “La Palma”, propiedad de don Pedro Palma. Estaba situada en la calle Bolívar frente al bar Savery. Diariamente tenía en exhibición trajes y otra ropa por encargo listos para entregar. Allí en vitrinas de exhibición había siempre una gama de perfumes londinenses.
De amplia trayectoria fue el flaco José Villasana, diseñador, artista del trazado y la costura. No quiero decir que era mejor que los demás, pero la vieja tradición lo señala que cortaba modelos de trajes perfectos. En estos días yo recordaba su clásica y usual expresión de cortesía !Caramba !. Cuando uno se topaba con él en la calle siempre utilizaba para saludar esta centelleante expresión: ¡Caraaaamba!...Generalmente andaba sobre una bicicleta visitando cantidad de costureras, como también cobrando la cuota a una docena de clientes.
Edgar Macero apodado "el niño Edgar", hijo del doctor Leopoldo Tosta, antes de ser camionero se hizo buen maestro del corte y costura para caballeros, fue bajo la batuta del famoso sastre don Plácido García donde aprendió el arte,, a cortar y coser sobre tejidos y diseñar trajes,
Jesús Revilla fue un sastre que no era nacido de La Villa, se dedicaba al ramo de hechura de pantalones, zurcía y corregía medidas y era músico a la vez, nativo de Churuguara, estado Falcón. Fue un artista destacado tocando la guitarra española; muy atento y amable. Nos hicimos grandes amigos, trabajaba en un pequeño taller de sastrería en su casa de habitación. Era también Luthier, fabricaba y reparaba instrumentos musicales de cuerdas. Vivía como un pájaro en una casita colgada en el cerro Los Chivos donde quedó encerrado todo su arte. Apenas dejaba el trabajo de fin de semana me buscaba para compartir canciones y recitaciones.
El rol de sastre fue desempeñado también por mujeres. Doña Petra Fernández fue la primera mujer que lo desarrolló en Villa de Cura, hasta los 70; trajo el oficio de Altagracia de Orituco estado Guárico donde nació comenzando el siglo xx. Alcanzó renombre y mucha notoriedad en la Villa de Cura en aquellos viejos tiempos confeccionando trajes para hombres. Vivía y trabajaba en una casa por los lados de La Alameda. Exactamente frente a la casa de habitación y barbería de don Luis Botello. Fue conocida por todo el mundo como “Petra la Sastra".
Sin embargo, partiendo desde más atrás, me refiere en una nota el profesor O. Botello “Josefa Peña de Martínez era la que cosía los liquiliques, blusas y calzoncillos rodilleros a los llaneros que venían a traer el ganado de Guárico y Apure, era vecina de La Alameda, vivía en la casa donde después vivió Juan Aguilar, murió en 1960 a los 92 años. Era la abuela de mi mamá y madre de la mamá de Cira y José Esáa”.
Diego Rattia era una persona muy conocido, panzudo, patilludo, taciturno, fundó la sastrería “La Criollita”, diariamente se le veía cortando y trazando telas alrededor de un mesón, con un metro de cinta colgado en el hombro y unos lentes claros que siempre los tenía sobre la cabeza. En ese oficio pasó toda la vida. Su taller de sastrería lo tenía en la calle Comercio.
Juan Parra desempeñaba el arte del corte y la costura en un rudimentario local en la calle Comercio. . Hacer pantalones y todo tipo de traje para el caballero elegante, era su consigna. Pasado el tiempo se fue con su familia a la ciudad de Maracay. Allí en la capital siguió amansando el amor por su profesión. Como usaba los pantalones sostenidos con bandas elásticas, el poeta J. M. Morgado,, una vez le soltó esta frase humorística: “¡Cámara, esas elásticas son las que no te dejan crecer!”.
Se acuerdan en la calle Comercio la sastrería de Héctor Acosta, profundo conocedor del arte de confección de ropa para caballeros; , al lado de su sastrería, en una pieza alquilada el taller de sastrería de Carlos Freites.. . A Carlos Freites me informaron que se fue a trabajar en Maracay, como modista del contingente de las FAV.
Les cuento que en la calle Bolívar y Villegas, por un costado de lo que es hoy Residencias Médicas vivía el conocido maestro Isidro Díaz. Dedicado toda su vida a trabajar la sastrería. Se pasaba dándole pedal a una máquina de coser, con un mesón lleno de cortes de lino para hacer liquilique.
Me acuerdo de la sastrería “El Toro” fundada por el sastre Joaquin Toro “Chichi”, conservó su taller hasta la crisis, ubicado en la calle Páez cerca de la ferretería La Realidad de Julio Perdomo. , diseñaba trajes, uniformes para las maestras, me hizo pantalones y corregía tallas. Allí en el mismo espacio trabajaba en una máquina el el sastre Luis Jiménez.
Después de tantos años, quizás uno de los últimos que desempeñó la sastrería en Villa de Cura fue un viejo operario que diseñaba, cortaba y cosía en una máquina marca “Triumph”. Respondía al nombre de Ramón Arturo Muñoz. La sastrería fue su pasión y su modo de vivir. Trabajaba en una pieza al lado del bar El Samán. . Ramón Arturo Muñoz era de nacionalidad colombiana, excelente persona muy educado. Detenía las labores para reunir a los ciclistas de competencia. Villa de Cura ciudad a la que tanto amó, fue su segunda patria y aquí en esta tierra están enterrados sus restos.


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