miércoles, 27 de mayo de 2026

SASTRERIAS EN VILLA DE CURA DEL SIGLO XX

 


 

                                 Por Oscar Carrasquel

 

La sastrería, más que un oficio es un arte, algunos aseguran que  está en extinción, lo cierto es que ahora casi nadie desea aprender a ser sastre. El arte de la sastrería fue una materia,  que antes  la enseñaba la Escuela de Artes y Oficios,  Hoy Leoncio Martínez. Creo que nosotros necesitamos deberíamos  volver a transitar esos pasos.

 No se sabe por qué las mujeres  nunca mandaban a coser sus trajes en  sastrerías, probablemente cuidando su feminidad, preferían sus modistas de confianza,

El sastre se encarga de tomar medidas, trazar,  puntea, corta y lo lleva a la máquina de coser.. Un traje  hecho a la medida implica, probarlo las veces que sea necesario para que quede ajustado al cuerpo de la persona.

 Se cuenta que, en Villa de Cura el pionero de los sastres, en la tercera década del siglo xx fue un señor que respondía al nombre de Plácido García Zamora.  En aquella época ejercia la jefatura  del Registro Subalterno d Villa de Cura, desempeñaba el oficio en la misma oficina. . Formó familia y vivió  en la calle Carabaño casi llegando a la calle Páez.

 No puedo dejar de recordar a un sastre emigrante nacido en Italia, que vino y se estableció en Villa de Cura, su nombre  Giovanni Donnarumma, su taller de confección estaba ubicado en una pieza ubicada  en la calle Bolívar,.. Era mi sastre de confianza, , fue fundador de una sastrerías  conocida como Sastrería “El Deseo”,  Recuerdo que su número telefónico era de dos dígitos ,bastaba con repicar a la central telefónica y decir "dáme a Donnarunma" y ahí mismo lo tenías en la bocina. 

Una de las casas espertas en trajes de liquilique a la medida en Villa de Cura fue  la recordada “Sastrería Núñez” de don Manuel Núñez, ubicada en la calle Blanca o Miranda,  cuya sastrería siempre exhibía como decoración al frente al negocio, un paltó de liquilique montado sobre un maniquí  con la cara de Carlos Andrés Pérez, y otras veces con el rostro de  Rafael Caldera;

Plena de vivencias y añoranzas  fue la sastrería “La Fortuna”, de Vinicio Jaén Landa, instalada en dos direcciones, calle Bolívar y finalmente en la calle el Comercio. La gente de aquí y del llano, mucho antes de salir a  comprar   un liquilique o trajes personalizados en tiendas de Caracas o Maracay, acudía a la sastrería "La Fortuna", que también fue perfumería y relojería. . El hombre que cortaba y confeccionaba en una máquina de cosser se llamaba Andrés Delgado, a quien todos conocimos como ”El gallo Andrés”. . Tanto Ángel Custodio Loyola, el Carrao de Palmarito y los músicos del conjunto Serenata Guayanesa, y otros artistas afamados ordenaron más de una vez sus trajes en esta sastrería.

Otro que se decidió a montar su propio negocio por la calle Doctor Morales  fue don Víctor Montenegro. De esta cuevita salían hechos trajes y pantalones a la medida. Reparaba y modificaba tallas y ruedos de pantalones. En este local sonaban los platos y los cubiertos.

 Un taller de sastrería que en los años 50 no solo era sastrería sino un reducto de la bohemia y la farándula, abrió sus puertas un  caraqueño a quien conocimos como don Augusto González. ubicada en la calle Miranda, frente a la casa de los Garaicochea. Allí se reunía gente de Caracas, Valencia, del villacurano. Los fines de semana llegaba de Puerto Cabello el poeta  Luis Fragachán, cantaba y tocaba muy bien la guitarra grande, quien además era un  reconocido sastre en Caracas. El merengue “El Norte es una quimera” es una de sus maravillosas composiciones. Fragachan hizo muchos amigos en La Villa. En las  reuniones se compartían canciones. Mientras don Augusto tijeriaba empinado sobre un largo mesón,  el grupo celebraba con melodía, poesía y tragos. 

Uno de los talleres de sastrerías  más distinguidas y elegantes de la época en Villa de Cura fue conocido con el nombre de Sastrería “La Palma”, propiedad de don Pedro Palma. Estaba situada en la calle Bolívar frente al bar Savery. Diariamente tenía en exhibición  trajes y otra ropa por encargo listos para entregar. Allí en vitrinas de exhibición había siempre una gama de perfumes londinenses. 

De amplia trayectoria fue el flaco José Villasana, diseñador, artista del trazado y la costura. No quiero decir que era mejor que los demás, pero la vieja tradición lo  señala que cortaba modelos de trajes perfectos. En estos días yo recordaba su clásica y usual expresión de cortesía !Caramba !. Cuando uno se topaba con él en la calle siempre utilizaba para saludar esta centelleante expresión: ¡Caraaaamba!...Generalmente andaba sobre una bicicleta visitando cantidad de  costureras, como también cobrando la cuota a una docena de clientes.

Edgar Macero apodado "el niño Edgar", hijo del doctor Leopoldo Tosta, antes de ser camionero se hizo buen maestro del corte y costura para caballeros, fue bajo  la batuta del famoso sastre don Plácido García donde aprendió el arte,, a cortar y coser sobre tejidos y diseñar trajes,

Jesús Revilla fue un sastre que no era nacido de La Villa, se dedicaba  al ramo de hechura de pantalones, zurcía y corregía medidas y era músico a la vez,  nativo de Churuguara, estado Falcón. Fue un artista destacado tocando la guitarra española; muy atento y amable. Nos hicimos grandes amigos, trabajaba en un pequeño taller de sastrería en su casa de habitación. Era también Luthier, fabricaba y reparaba instrumentos musicales de cuerdas. Vivía como un pájaro en una casita colgada en el cerro Los Chivos donde quedó encerrado todo su arte. Apenas dejaba el trabajo de fin de semana me buscaba para compartir canciones y recitaciones.

 En la calle Comercio estaba situado el taller de sastrería donde laboraba Juan Terán, mejor conocido como “Juancito Terán”. Así lo llamaba todo el mundo por su  estatura pequeña y  contextura delgada. Fue discípulo de su padre  un sastre caraqueño del mismo nombre, quien le sirvió como consejero, de él tomó la herencia vocacional de la sastrería. Tuvo  una gran pasión por su arte  hasta que joven aún  le llegó la muerte de manera repentina.

El rol de sastre fue desempeñado también por mujeres. Doña Petra Fernández fue la primera mujer que lo desarrolló  en Villa de Cura, hasta los 70;  trajo el oficio  de Altagracia de Orituco estado Guárico donde nació comenzando el siglo xx. Alcanzó renombre y mucha notoriedad en la Villa de Cura en aquellos viejos tiempos confeccionando trajes para hombres. Vivía y  trabajaba en una casa por los lados de La Alameda. Exactamente frente a la casa de habitación y barbería de don Luis Botello. Fue conocida por todo el mundo como “Petra la Sastra".

Sin embargo, partiendo desde más atrás, me refiere en una nota el profesor O. Botello “Josefa Peña de Martínez era la que cosía los liquiliques, blusas y calzoncillos rodilleros a los llaneros que venían a traer el ganado de Guárico y Apure, era vecina de La Alameda, vivía en la casa donde después vivió Juan Aguilar,  murió en 1960 a los 92 años. Era la abuela de mi mamá y madre de la mamá de Cira y José Esáa”.

Diego Rattia era una persona muy conocido, panzudo, patilludo, taciturno, fundó la sastrería “La Criollita”, diariamente se le veía cortando y trazando telas alrededor de un mesón, con un metro de cinta colgado en el hombro y unos lentes claros que   siempre los tenía sobre la cabeza. En ese oficio pasó toda la vida. Su taller de  sastrería lo tenía en la calle  Comercio.

Juan Parra desempeñaba el arte del corte y la costura en un rudimentario local en la calle Comercio. . Hacer pantalones y todo tipo de traje para el caballero elegante, era su consigna. Pasado el tiempo se fue con su familia a la ciudad de Maracay. Allí en la capital siguió  amansando el amor por su profesión. Como usaba los pantalones sostenidos con bandas elásticas,  el poeta J. M. Morgado,, una vez le soltó esta frase humorística: “¡Cámara, esas elásticas son las que no te dejan crecer!”.

Se acuerdan en  la calle Comercio  la sastrería de Héctor Acosta, profundo conocedor del arte de confección de ropa para caballeros;  , al lado de su sastrería, en  una pieza alquilada el taller de sastrería de Carlos Freites.. . A Carlos Freites me informaron que   se fue a trabajar en Maracay, como modista del contingente de las FAV.

Les cuento que en la calle Bolívar y Villegas, por un costado de lo que es hoy Residencias Médicas vivía  el conocido maestro Isidro Díaz. Dedicado toda su vida a trabajar la sastrería. Se pasaba dándole pedal a una máquina de coser, con un mesón lleno de cortes de lino  para hacer liquilique.

Me acuerdo de la sastrería “El Toro” fundada por el  sastre Joaquin Toro “Chichi”, conservó su taller hasta la crisis,  ubicado en la calle Páez  cerca de la ferretería  La Realidad de  Julio Perdomo. , diseñaba trajes, uniformes para las maestras, me hizo pantalones y corregía tallas. Allí en el mismo espacio trabajaba en una máquina el el sastre Luis Jiménez.

Después de tantos años, quizás uno de los últimos que desempeñó la sastrería en Villa de Cura  fue un viejo operario que diseñaba, cortaba y cosía en una máquina marca “Triumph”. Respondía al nombre de Ramón Arturo Muñoz. La sastrería fue su pasión y su modo de vivir. Trabajaba en una pieza al lado del bar El Samán.  .  Ramón Arturo Muñoz era de nacionalidad colombiana, excelente persona muy educado. Detenía las labores para reunir a los ciclistas de competencia. Villa de Cura ciudad a la que tanto amó, fue su segunda patria y aquí en esta tierra están enterrados sus restos. 

 

                                    

                                                     Ramón Arturo Muñoz

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