domingo, 15 de marzo de 2026

REMEMBRANZAS SOBRE EL FIEBRÚ JUEGO DE CAIMANERAS

 


REMEMBRANZAS  SOBRE EL FIEBRÚ JUEGO  DE CAIMANERAS

 

Por Oscar Carrasquel

 

En el béisbol podemos encontrarnos algunas variantes relacionadas con ese popular juego en Venezuela, venimos en esta oportunidad a recordar y comentar sobre lo viejo de ese pasatiempo de tanta diversión para todos. Tal vez muchos de nuestros amables lectores lo practicaron o fueron aficionados de las “caimaneras”, cuyo nombre se genera de un partido de beisbol con muchas incidencias, anécdotas, el que daba tantas alegrías a las almas en las tribunas. 

Lo disfrutamos en los años 50 en el antiguo  cuadro de La Aduana, y en los años siguientes en el estadio Ramón María Acosta de Villa de Cura, cuando no tenía cerca perimetral. Además, se jugaba en otros escenarios, tanto en el medio de la calle o en  cualquier terreno baldío. No era necesario aprenderse un cúmulo de reglas de un librito, como en el beisbol para practicarlo.

En aquellos lejanos tiempos  se improvisaban las llamadas “caimaneras” con mucha regularidad en Villa de Cura. Quien escribe,  juvenil en esos días, me utilizaban de coime y de juez  (cuidaba las apuestas y pagaba a ganador). 

Existió en la villa   un grupo de atletas que fueron destacados beisbolistas en su época, que sabían todos los secretos del juego, eran hombres de trabajo que formaban las partidas todas las tardes haciendo de la vida un momento placentero. Entre aquellos amantes y februnos de beisbol que  conformaron las escuadras luego de salir de sus respectivos centros de trabajo,  debemos mencionar a  Pedro Ezequiel González, Inocencio Adames Barrios, Pablo Acosta,  el  "grillo" Álvarez,  José Concepción Núñez, Víctor Martínez, Alberto “gato” Pérez, Luís Aquino, Gustavo Liendo, Ángel Castillo “araguato”, Armando Corniel,   Manuel Luna,  Manuel Sánchez y el gordo Rómulo Guerra, entre otros. El juego entre esos "caimanes" era pura candela, batazos, carreras, errores, discusiones; esto no venía solo,  de repente preparaban un sancocho de gallina de corral. la costumbre se extendió por mucho tiempo en la Villa  y otras comunidades.

Para nada se trata de un juego de pelota suave, al contrario, un encuentro muy batallador, aguerrido.  La crónica deportiva caraqueña de la época dice que,  las primeras "caimaneras"  se jugaron en Caracas en un sector de Sabana Grande durante las primeras décadas del siglo xx. Los partidos se realizan entre jugadores a nivel de cualquier categoría, ante la presencia de una cantidad de fanáticos y familiares cercanos para celebrar una efemérides o un acontecimiento social. Estos encuentros se pueden definir como una especie de compartir .

Como se recordará se trata de partidos relámpagos,  que no duran  más de tres entradas. Lo  cual sugiere que se podía jugar cinco o seis partidos cada tarde, hasta que oscurecía. Alguien recordará la vez que hubo de prender los faros de un jeep para alumbrar el ultimo ininng de una caimanera en la Sabana. 

Ciertamente muchas veces se suscitaban discusiones acaloradas pero las escaramuzas era momentáneas. Una de las características de una "caimanera" es que  no se utiliza manager, tampoco árbitros, ni precisa de cátcher de peto y careta. Las sentencias la proporcionan los mismos jugadores, pero cerca de la verdad , hay veces que se llevan por los gritos del público.. Como La Aduna era campo abierto los fanáticos hacían  fila por la línea de tercera y de la primera base.

Quienes vimos nacer estos eventos se les hace muy fácil recordar  las expresiones y hasta frases incoherentes de aficionados durante el desarrollo de un encuentro. Se oían reacciones como las siguientes.

                                     ¡Eso es out aquí y hasta en Pekín!

                                Quién bateaba un flaicito que lo atrapaba el receptor o  el picher, le decían: deja esos globos para¨ lanzarlos  en la plaza.

                                    !Fulano, tu no bateas ni con una guitarra!

Por cierto  se apostaba dinero de poco monto entre los equipos y el conjunto ganador se quedaba con el pote, lo suficiente para mandar a comprar  unas dos cajas de polarcita o caraquita, las cuales venían en cajas de cartón a 13 bolívares de aquellos de hace 25 años atrás. 

Estos eventos se hicieron tan populares que se jugaba en todos los parques de Venezuela, entre peloteros profesionales y clase “AA”, fuera de temporada y los que ya estaban retirados, lo  organizaban para la distracción de jugadores y sus familiares. 

De este juego histórico falta decir que los muchachos del barrio Las Tablitas eran muy aficionados a jugar "caimaneras", jugaban estupendamente en la calle y en los solares de las casas vecinas con pelotas de gomo, comandados por  Gerardo Barrios, CEJOTA  y Víctor Martínez, quienes asumían  el ompromiso de organizadores.

La última "caimanera" que tuvimos la oportunidad de presenciar fue realizada en el icónico  estadio "Juan del Cerro Tovar", en Araure, estado Portuguesa, entre ex jugadores profesionales del equipo "Pastora de los Llanos". La tribuna central estaba llena de aficionados, periodistas tal como el amigo ausente Carlucho Ojeda, dirigentes y familiar de los jugadores.

Hoy por hoy  las tradicionales y emocionantes “caimaneras”  dejaron de existir, no las hemos visto más en  el estadio "Ramón María Acosta"  En los albores de los años 60 fueron sus últimos días. Una de las causas pudiera ser el elevado costo de los implemento, bates, pelotas y franelas. 

Hoy en día la realidad  es otra. Lo cierto es que en Villa de Cura  se quedó sin el familiar juego de  "Caimaneras".  Los viejos robles del béisbol villacurano como mi amigo  Henry Álvarez, jugador y narrador, no sabe lo que se pierde.

Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis, Tricentenaria

 

 

 

 

 

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