Por Oscar Carrasquel
En materia de deportes podemos encontrar algunas variantes familiarizado con el beisbol en Venezuela. En esta oportunidad venimos a recordar con cariño sobre el apasionante juego que lleva el exquisito nombre de CAIMANERAS, y lo viejo de ese pasatiempo de tanta diversión para las almas. Tal vez muchos de nuestros amables lectores lo practicaron o fueron fanáticos de este guerrero espectáculo de tantas incidencias, y anécdotas. La crónica periodística de la época habla que, las primeras "caimaneras" se jugaron en el estadio Cerveza Caracas de San Agustín a mediados del año 1928.
La historia en Villa de Cura comienza en los años 40 y 50 del siglo xx cuando lo disfrutamos en el viejo estadio de La Aduana, y en los años siguientes se mudó para el terreno de “Los Cerritos”, hoy estadio Ramón María Acosta. La mayoría de las veces los "caimanes" reconocidos que escogían partidas lanzando las dos caras de una moneda fueron, Inocencio Adames Barrios, Pedro Ezequiel González, Andrés “grillo” Álvarez, Ramón María Acosta y su hermano Pablo Acosta, cargados de satisfacciones por su amor al deporte de las cuatro esquinas.
Posteriormente los organizadores eran Rómulo Guerra, Victor´ Martínez y Armando Corniel. Quien escribe era en ese tiempo un juvenil, tuve la oportunidad de actuar de coime o depositario, recolectaba en un sombrero las monedas de 2, 1, hasta un fuerte para entregar a aquella especie de Peña ganadora..Todas las tardes haciendo de la vida un momento placentero.
El desafío entre "caimanes" era una guerra de nervios, batazos, carreras, errores, discusiones; pero esto no venía solo, después que finalizara entre todos colaboraban y preparaban un sancocho de gallina de corral o una parrilla,
Aparte se trata de un compartir que se realiza felizmente ante familiares y amigos, para celebrar una efemérides o un acontecimiento social.
Como es de recordar son partidos de corta duración, que no pasan de tres entradas cada uno. se realizan cinco o seis encuentros hasta que oscurecía. Queda en el recuerdo la vez que se hizo casi de noche y tuvieron que encender los reflectores de un jeep alumbrando el cuadro para concluir una “caimanera”.
Una de sus características es que no se utiliza manager, tampoco árbitros, ni precisa de cátcher de peto y careta. Las sentencias la proporcionan los mismos jugadores, por eso se presentan muchas discusiones agrias.
Quienes vimos estos encuentros se les hace muy fácil recordar expresiones duras y frases incoherentes de aficionados durante el desarrollo de un encuentro. Se oían reacciones del publico que hemos querido subrayar.
¡Eso es out aquí y en Pekín!
Quién bateaba un flaicito que atrapaba el receptor o el picher, le decían: deja esos globos para¨ lanzarlos en la plaza.
¡Tú no bateas ni con una guitarra!
Naturalmente el conjunto ganador se quedaba con el pote, lo suficiente para mandar a comprar una o dos cajas de polarcita o caraquita, las cuales venían en cajas de cartón a 13 bolívares, de aquellos de hace 50 años atrás.
Hoy por hoy lamentablemente las emocionantes “caimaneras” no se han vuelto a repetir en los espacios deportivos villacuranos, pudiese ser por el elevado costo de implemento, bates, pelotas, tacos y franelas.
Hoy en día la realidad es otra. Lo cierto es que Villa de Cura se quedó sin sus "Caimaneras". Los viejos robles del béisbol tal como Henry Álvarez, narrador, y otros como Gerardo Barrios y Reyes Matos "matico", se quedaron sin vivir otra vez las emociones de este popular deporte.
Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis Tricentenaria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario