domingo, 19 de abril de 2026

ROSENDITO “ VENDEDOR DE PAN A DOMICILIO

 

                         “ROSENDITO “ VENDEDOR DE PAN A DOMICILIO

 

Por  Oscar Carrasquel

 

 

Qué bonito es para la generación del 50 recordar el tiempo ido. Era frecuente observar por la calle  el transitar del vendedor de pan por todas direcciones,  arriando un manso burrito. Para los artesanos era necesario proveerse de un emprendimiento que  permitiera generar ingresos para sobrevivir y levantar a la familia.

 De por ahí de la década de los años 50, cuando el pueblo comienza a desarrollarse se recogen algunos hechos notables.  La comunidad de Las Tablitas en Villa de Cura y  franjas aledañas,  antes de  salir el sol se acostumbraron a la presencia a ver pasar a este personaje de nombre  don Rosendo Martìnez. Un pequeño comerciante que se dedicó con tesón a un trabajo hasta el final de sus días. Vendía a domicilio el popular pan de piquito. Arreaba,  y otras veces andaba sobre el lomo de un manso burrito, realizando la cosa más sencilla.. 

 Sobre los costado del jumento, cargaba sendos canastos de mimbre cargados de algunos tipos de pan de harina de trigo: Pan dulce y salado, butaques, catalinas rosadas y oscuras, señoritas,   bizcocho redondo y rebanadas; pero más numeroso el inventario de pan de piquito, también conocido como “pan a locha".. Generalmente de contado y por encargo a una clientela fija,  no le faltaba una libreta de rayas y un tocón de lápiz Mongol  en el bolsillo de la bata donde anotaba los fiados. Quedó bien con sus proveedores Panadería El Comercio de Juan Pancho Rodriguez  y la Panadería “La Modelista” de Francisco Pancho Parra.

Cerca de la conmemoración  del  24 de diciembre,  no se daba abasto, por la cantidad de encargos de pan de jamón de pierna de receta casera, a tres bolívares la unidad, las amas de casa le solicitaban hasta tres panes de jamón para la cena de nochebuena. Rosendo fue fundador de la dinastía Martínez Rodriguez,  muy apreciada familia de empatía en Las Tablitas, Habitó con su familia  una casita solariega de bahareque , una de las pocas que aún conserva su fachada, ubicada en el callejón 1, hoy  calle “Mateo Vargas”, subiendo hacia “La Caja de Agua”.. Fue don Rosendo Martínez un hombre de trabajo y padre de familia responsable muy apreciado.

Rosendo se casó con la apreciada matrona doña Adela Rodriguez de Martínez. Sabemos que la señora Adela se distinguió por ser la hacedora de las célebres arepitas dulces de antaño, y  bollitos dulzones degustados con guarapo por  los patinadores, y feligreses que salían en cambote de las misas de aguinaldo. 

 Tal vez por ser un hombre de contextura delgada  y bajo de estatura, o acaso  por culpa  de la fonética criolla, no lo llamaban por su primer nombre completo,  sino por el diminutivo. En  el pueblo atendía por “Rosendito”. Sobre todo cuando aparecía en elambiente con su burrito.

 Lo cierto  es que  tuvo auge su oficio en aquella época, por ser el pan de trigo  un alimento con el sabor de antaño; sin embargo todos sabemos que con el surgimiento  de las panaderías de portugueses, se fue imponiendo la modernización. 

 Recordamos que en aquellos tiempos, el viejo panadero llevaba a la puerta de cada casa, sin necesidad de bajarse del equino, ocho panes  de piquito envueltos dentro de una bolsa de papel, por solo un bolívar, y si usted lo quería adquiiri al detal una locha por unidad. 

 Tuvo fama de buen caminador aquel  burro de Rosendito, el cual carecía de nombre. El animal siempre conservó la soltura y rapidez de cuando era pollino.. Me cuentan que su dueño le  fijó una  ración de guayabita del monte que le proveía un espacio de la sabana villacurana. 

El  burro de Rosendito era dueño de una simpática peculiaridad,  un animal con un pasito bastante apurado, el ruido de los cascos alegraba estómagos y corazones. La pisada era una alerta  que andaba el panadero cargado de panes calentitos, que todos esperaban que dejara en la puerta de la casa.

 ENTONCES emergió de la sabiduría popular un refrán que recorrió todos los espacios de La Villa, para sentenciar a todo aquel que realizaba una gestión o andaba con mucha prisa, {as veces  cuando ibas a sacar la cédula de identidad,  te lanzaban la frase ¡Andas más apurado que el burro de rosendito!.

 Oscar Carrasquel, La Villa de San Luis Tricentenaria

 

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