jueves, 21 de mayo de 2026

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL SEGUNDO CRONISTA OFICIAL DE LA VILLA

 

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL SEGUNDO CRONISTA OFICIAL DE LA VILLA         

                           Por Oscar Carrasquel

 

Estamos poco a poco llegando en firme a entrada de aguas, te escribo desde la misma mesita del garaje donde siempre nos sentábamos a dialogar y se hacían lentas las horas, teniendo como testigo la frescura del árbol de Semeruco en el patio  con su ramazón en flor y un regalo de trinos refrescando el ambiente.. Una tacita de café negro, cuando la leña para la candela no se había mojado, leíamos y comentábamos de tedo lo divino y lo que conmueve. De aquí se devolvía para la casa de de Inocencio "Chencho" Adames.

¡Ah tiempo ese! Recuerdo aquel día 5 de febrero de tu cumpleaños que prepare un picadillo a la llanera que tanto te gustaba, aderezado con salsa de catara elaborada en las comunidades indígenas de Puerto Ayacucho. 

De allá de su oficina te  entregaba  correspondencia y literatura de parte de tu amigo don Manuel Henríquez, Cronista Oficial de Puerto Ayacucho.  Oldman sabía lo que era el verdadero valor de la amistad.

Cosas sencillas como éstas, las vivimos varias veces, llenaría cuartillas si me pusiera a mencionar otros momentos que a uno le alegran el alma y con facilidad le vienen a la mente.
Un día como hoy que se cumplen cuatro años que avanzaste a los predios celestiales y te echamos de menos. La paraulata rabo blanco cantó triste en el Cameruquito  y te lloró la mujer y el hombre del pueblo. No perdono aquel 22 de mayo en la madrugada que te vino a visitar la muerte cobarde.

Esa vez dijimos con lágrimas de dolor, hasta siempre Oldman. Hasta siempre hermano. Lo más significativo es que no se puede hablar de grandeza intelectual, si no evocamos el nombre de Oldman Botello González, genéricamente villacurano pero reconocido en casi todo el país, porque de tu pluma surgieron obras de otras ciudades y pueblos de Venezuela reconstruyendo su pasado, imprescindibles en una biblioteca.

Al cielo te fuiste a abrazar a la reciedumbre de su padre; la dulzura de la pequeña Zobeida y el pana Manuel Antonio; la inolvidable doña Irma González, la matrona, la hacedora de los ricos y mejores roscones dulces, según dijo en una visita a su casa el historiador doctor Guillermo Morón.

A su esposa Jennifer, sus hijos Wanda y Olaf Vincent; y su hermano Pedro; esto naturalmente no los consuela, siguen impotentes llorando su ausencia, le  renovamos el pésame.

 Oscar Carrasquel. La Villa de San Luis, Tricentenaria

 


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