viernes, 2 de enero de 2026

LA CASONA DE LOS MATUTE HISTORIA Y RECUERDOS

 

LA CASONA DE LOS MATUTE HISTORIA Y RECUERDOS


Por Oscar Carrasquel


La Villa de San Luis de Cura para 1950 contaba con varios caserones particulares históricos, entre las más relevantes que recordamos de su casco urbano buscamos a   la casa de los Matute Padrón; pero fueron muchas. La casa de los Paradisi, conocida para la época como la "paradisera". La antiquísima casa de los Ríos (hoy del Santo Sepulcro).  La casa de don Candelario Matos. Innegable la  de doña Carlina y Dionisio Infante; la casa de la familia Carvallo.  La casa del doctor  Roldán; la casona de don Manuel María Hernández Utrera, frente a la plaza Miranda, donde funcionó la antigua Oficina de Correo. El caserón de la familia Tejada Nieves, que tenía unos corredores muy grandes, fueron casas con sus paredes pintadas de blanco como queriendo alumbrar el paisaje de grata calma.

Vengo a  describir la señorial  estampa  de la   CASA DE LOS MATUTE PADRÓN, la fotografía es del archivo fotográfico de nuestro amigo coterráneo ingeniero Manuel Matute Padrón, que cuando estudiaba bachillerato se escapaba con sus compañeros a darse baños en el río Guárico. 

Fue su propietario y la habitó por muchos años don Francisco Matute Ramos y familia, un comerciante mayorista nativo de la población de Ortíz, estado Guárico, En la villa conoció y se casó con la villacurana doña Luisa Padrón de Matute. De esta sólida unión nacieron en el mismo orden Andreina, Gisela, Francisco José (el negro Matute), Manuel Enrique, Luís Rafael (apodado Pim) y Luisa Cristina. Nacidos en Villa de Cura se levantaron en esta vivienda. Vale recordar por quien  escribe, las visitas casuales de Virginia Matute y Zenobia Matute, amadas hijas de don Francisco Matute.  

Yo tuve la dicha de conocer y de oír todas estas voces y de saber lo que vale la amistad,  asimismo tuve el privilegio de disfrutar de aquella sonrisa y trato  bondadoso de don Francisco y doña Luisa, pues  desde muchacho frecuentaba esta gran familia. Algo que me  impresionaba es que. don Francisco Matute era un hombre sencillo y formal, un llanero de costumbre casera, dado a su familia, de buen vestir y buena educación; para salir a la calle sentía predilección por los trajes de lino blanco de las sastrerías villacuranas. Vaya hasta el cielo un  abrazo cariñoso a don Francisco y doña Luisa.

Se trata de una edificación,  una de las más relevantes con un ambiente de estilo colonial. Esta casa, según datos proporcionados por una persona conocedora de su tradición, fue construida a finales del siglo xix.  En la tercera década del siglo xx era casa de habitación del tendero judío Moisés Bendayán Chocrón, de dónde proviene el actor y animador de radio y televisión nacido en esta Villa, Amador Bendayán; posteriormente la habitó el comerciante guariqueño propietario de un almacén don Damián Álvarez Ramos, y por último la familia Matute Padrón.

Después de haber sido derrumbada, hoy lo que existe es un cascarón de  concreto vacío. Lo que hay en este espacio, lo que  se contempla, después de un prolongado silencio,  es un imponente edificio  a medio construir,  saturado de bloques de arcilla y cemento.

La casona vistosa por fuera y dentro estaba levantada en una de las calles principales cerca de la plaza Bolívar, diagonal-horizontal con la tienda y librería de la maestra Mariana Ramírez, en la calle Miranda, en el cruce de la calle Bolívar y Villegas.

Pocos años después en toda la esquina, fue abierto un local que fue  laboratorio de  la  Bioanalista de la UCV señorita Andreina Matute Padrón, donde se sacaba pruebas la población villacurana. Cuando no estaba laborando abordaba su flamante Chevrolet sedan de dos tonos.

Como es sabido por  muchas personas, la residencia de los MATUTE era una casona con su fachada de arquitectura tipo colonial, con  techo rojo y otros elementos arquitectónicos   y corredores con   grandes cuartos,  y un patio central sombreado de rosas de todos los matices,  flores de cayena, malangas, abundante agua que le aportaba frescura y elegancia a su interior.

Destacaba a la entrada un portón  doble de madera, su amplio zaguán y ante portón. Además, mostraba la sombra de sus salientes y anchos aleros y disponía del confort de ventanas de dos postigo. Recuerdo que doña Luisa  Padrón, en los atardeceres cuando ya había caído el sol, tertuliaba desde la ventana con los transeúntes conocidos y vecinos más cercanos.

La mayor parte de las casas que hemos contabilizado sufrieron graves mutilaciones o fueron desaparecidas por completo, aparentemente por interés comercial en aras de la modernización. !Qué bella se vería nuestra ciudad ya tricentenaria!  si  pudiésemos mostrar al visitante ka efigie de la vieja comarca con sus mitos y leyendas.  La casa de los ancestros, aunque no sigamos viviendo en ella, nos  habla en voz baja y remeda las voces de los que vivieron bajo su techo.

De la Villa de Cura antañona, de su casco urbano ya nadie se acuerda, de aquellos años de sorprendente esplendor, van quedando vestigios, leyendas y huellas del pasado. Un pedazo de  historia que termina, Nuestros nietos paseando la plaza Bolivar se acercan para preguntarnos, cómo era LA CASA DE LOS MATUTE.. Recuerdos que quedaron en algún rincón del corazón.

Oscar Carrasquel. La Villa de San Luís, Tricentenaria

 

 

 

 

 

 

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