LA CASONA DE LOS MATUTE HISTORIA Y RECUERDOS
Por Oscar Carrasquel
La Villa de San Luis de Cura para 1950 contaba con varios caserones particulares históricos, entre las más relevantes que recordamos de
su casco urbano buscamos a la casa de los Matute Padrón; pero fueron muchas. La
casa de los Paradisi, conocida para la época como la "paradisera". La antiquísima casa de los Ríos (hoy del Santo
Sepulcro). La casa de don Candelario Matos. Innegable la de doña Carlina y
Dionisio Infante; la casa de la familia Carvallo. La casa del doctor Roldán; la casona de don Manuel María
Hernández Utrera, frente a la plaza Miranda, donde funcionó la antigua Oficina
de Correo. El caserón de la familia Tejada
Nieves, que tenía unos corredores muy grandes, fueron casas con sus paredes pintadas de blanco como queriendo alumbrar el paisaje de grata calma.
Vengo a
describir la señorial estampa de la CASA DE LOS MATUTE PADRÓN, la fotografía es del
archivo fotográfico de nuestro amigo coterráneo ingeniero Manuel Matute Padrón, que cuando estudiaba bachillerato se escapaba con sus compañeros a darse baños en el río Guárico.
Fue su propietario y la habitó por muchos años don Francisco Matute Ramos y familia, un comerciante mayorista nativo de la población de Ortíz, estado Guárico, En la villa conoció y se casó con la villacurana doña Luisa Padrón de Matute. De esta sólida unión nacieron en el mismo orden Andreina, Gisela, Francisco José (el negro Matute), Manuel Enrique, Luís Rafael (apodado Pim) y Luisa Cristina. Nacidos en Villa de Cura se levantaron en esta vivienda. Vale recordar por quien escribe, las visitas casuales de Virginia Matute y Zenobia Matute, amadas hijas de don Francisco Matute.
Yo tuve la dicha de conocer y de oír todas estas
voces y de saber lo que vale la amistad, asimismo tuve el privilegio de disfrutar de aquella
sonrisa y trato bondadoso de don Francisco y doña Luisa, pues desde muchacho frecuentaba esta gran familia.
Algo que me impresionaba es que. don Francisco Matute era un hombre
sencillo y formal, un llanero de costumbre casera, dado a su familia, de buen vestir y buena educación; para salir a la calle sentía predilección por
los trajes de lino blanco de las sastrerías villacuranas. Vaya hasta el cielo un abrazo cariñoso a don Francisco y doña Luisa.
Se trata de una edificación, una de las más relevantes con un ambiente de
estilo colonial. Esta casa, según
datos proporcionados por una persona conocedora de su tradición,
fue construida a finales del siglo xix. En la tercera década del siglo xx
era casa de habitación del tendero judío Moisés Bendayán Chocrón, de dónde
proviene el actor y animador de radio y televisión nacido en esta Villa, Amador
Bendayán; posteriormente la habitó el comerciante guariqueño propietario de un almacén
don Damián Álvarez Ramos, y por último la familia Matute Padrón.
Después de haber sido derrumbada, hoy lo que existe
es un cascarón de concreto vacío. Lo que
hay en este espacio, lo que se contempla, después de un prolongado
silencio, es un imponente edificio
a medio construir, saturado de bloques de arcilla y cemento.
La casona vistosa por fuera y dentro estaba levantada en una de las calles
principales cerca de la plaza Bolívar, diagonal-horizontal con la tienda y librería de la maestra Mariana Ramírez, en la calle
Miranda, en el cruce de la calle Bolívar y Villegas.
Pocos años después en toda la esquina, fue abierto un local que fue laboratorio de la Bioanalista de la UCV señorita Andreina Matute Padrón, donde se sacaba pruebas la población villacurana. Cuando no estaba laborando abordaba su flamante Chevrolet sedan de dos tonos.
Como es sabido por muchas personas, la residencia de los MATUTE
era una casona con su fachada de arquitectura tipo colonial, con techo
rojo y otros elementos arquitectónicos
y corredores con grandes cuartos, y
un patio central sombreado de rosas de todos los matices, flores de cayena, malangas, abundante
agua que le aportaba frescura y elegancia a su interior.
Destacaba a la entrada un portón doble de madera, su amplio zaguán y ante portón. Además, mostraba la sombra de sus salientes y anchos aleros y disponía del confort de ventanas de dos postigo. Recuerdo que doña Luisa Padrón, en los atardeceres cuando ya había caído el sol, tertuliaba desde la ventana con los transeúntes conocidos y vecinos más cercanos.
La mayor parte de las casas que hemos contabilizado sufrieron graves mutilaciones o fueron desaparecidas por completo, aparentemente por interés comercial en aras de la modernización. !Qué bella se vería nuestra ciudad ya tricentenaria! si pudiésemos mostrar al visitante ka efigie de la vieja comarca con sus mitos y leyendas. La casa de los ancestros, aunque no sigamos viviendo en ella, nos habla en voz baja y remeda las voces de los que vivieron bajo su techo.
De la Villa de Cura antañona, de su casco urbano ya
nadie se acuerda, de aquellos años de sorprendente esplendor, van quedando vestigios, leyendas y huellas del pasado. Un
pedazo de historia que termina, Nuestros nietos paseando la plaza Bolivar se
acercan para preguntarnos, cómo era LA CASA DE LOS MATUTE.. Recuerdos que
quedaron en algún rincón del corazón.
Oscar Carrasquel. La Villa de San Luís,
Tricentenaria
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