Ilustración de Prof María Teresa Fuenmayor
Por Oscar Carrasquel
¿Han oído ustedes amigos lectores hablar alguna vez de la historia del ENCAMISONADO. Hubo un tiempo que en la Villa de San Luis no se hablaba de otra cosa sino de estas cuestiones que suceden en la vida real. Precisamente en la última década de 1940 la Comarca fue un conglomerado pequeño de fantasmas nocturnos.
Era muy común escuchar entablando una conversación, tanto en un salón de barbería, en la plaza, un velorio de difunto, entre lavanderas, que en determinado sitio salía un espanto, un duende y el Ánima Sola. La mayoría de la población aprobaba su existencia, pero también había gente que manifestaba sus dudas.
Cuando
yo estaba de 11 años de edad, más o menos, en la villa se sintió una alharaca de gran
revuelo. Se decía que debajo de la espesura de un árbol de cotoperíz, era
visto en la alta noche la figura de un espanto. La novedad
circuló el siguiente día a lo largo y ancho de la urbe.
Resulta
que cualquier fecha, en el horario de 11 a 12 de la noche, sin hacer
ningún ruido y favorecidos por luz de luna llena, algunas personas
observaban por el corral a una figura de rasgos humanos, todo vestido de negro,
con un pañolón negro por donde se asomaban dos pupilas como unas luciérnagas. Se
auxiliaba con unos zancos para saltar por encima de una de
malla gallinera y pelos de alambre que dividía dos solares; desde entonces
la gente empezó a llamarlo ENCAMISONADO.
Fue
llamado por algunos "iluminado”, porque causaba asombro, miedo, incluso los vecinos buscaron a un curandero
experto en alejar espíritus malos, y al pie del árbol rezaban y colocaban
velas encendidas toda la noche. El señor cura del pueblo que fue avisado,
no quiso ocuparse del asunto, se excusó diciendo que "eso era
superstición de la gente".
El
ENCAMISONADO aunque era muy cauteloso, fue motivo de mucha consternación
en el vecindario y fue base de comentario entre las personas
mayores. En mi caso se nos impedía sentarnos donde hablaban los adultos, ni
siquiera pasar por el frente, ya que era reprobado y el muchacho era
objeto de una reprimenda, solo con una mirada fija.
Yo,
por supuesto, sabía el reglamento, pero como muchacho es muchacho, me
asomaba sigilosamente por la abertura de una cortina en la puerta de la
habitación, y le ponía atención a la conversación de los presentes.
En
una ocasión se acercó a casa, una señora con fama de “habladora”, de esas que
saben más que un radio periódico. En su vagar iba de casa en casa. Era la
doña portadora de una primicia de esas que quedan grabadas en la mente de un
muchacho.
Resulta
que según lo averiguado por los mismos vecinos, habían descubierto que,
el ENCAMISONADO era un ser de nuestro paraíso terrenal, que andaba
de incógnito por aquellos solares, quien para no faltar a la cita utilizaba dos
varas largas que lo hacían aumentar de tamaño, según lo expresado por la doña, “a cosechar jojoto en conuco ajeno”.
---Vieja!...No
te has enterado que el tal ENCAMISONADO, es "fulano de tal" que
como dice el refrán “afila
su hierro en piedra de amolar ajena”.
En
ese tiempo yo era un imberbe, inocente, me costaba comprender cl significado de
las metáforas en el lenguaje popular. Y por supuesto tampoco me atrevía a preguntar.
Un
sábado en la mañana me mandaron a cortar el pelo en la barbería de
un arpista de nombre Valentín Ríos. Al rato entró uno de esos que ahora llaman
de la tercera edad, saboreando una mascada de tabaco en rama, saludó y se
arrellanó en una de las silletas de “espera”. Acostumbrado el simpático viejito
a narrar historias lujuriosas y otras menudencias que ocurren a diario en los
pueblos.
El "mayor" ya sabía todo del ENCAMISONADO; primero se echó una amable
risotada y con arrojo relató lo sucedido en un lenguaje claro y sencillo.
Finalmente, señaló que en la población de Palo Negro, Municipio Libertador, estado Aragua , su terruño natal, existe el personaje pero con el nombre de “come muslo”.
Fue
así con su explicación como este servidor llegó a comprender las peripecias del
personaje. No obstante, la variedad de interpretaciones, son cosas que sin
duda resumen la historia menuda de los pueblos.
Oscar
Carrasquel La Villa de San Luis/ Tricentenaria
No hay comentarios:
Publicar un comentario