¡NO ME DEJEN MORIR ¡
Por Oscar Carrasquel
Sería un regalo ideal para la ciudad tricentenaria
recuperar su fachada original. Hay casas emblemáticas como la de la gráfica
en el casco urbano de la población que se niegan a morir, todavía resisten la
ferocidad del tiempo en silencio. ¿Cuántos años tendrá?. En algunos momentos
fueron útiles a sus inquilinos y a la sociedad. Sus ventanas de balaustre saben
a un tango y una milonga cuando apenas despertaba la madrugada. Hoy en día es
un cascarón vacío. Sus horcones, paredes y techumbre aún conservan la
memoria de un pasado remoto difícil de olvidar. Ya no es grato pasar por el
frente.
En plena calle Comercio de Villa de Cura se encuentra
como respirando hondo, llena de escombros, el verdor de las plantas parásitas
que deslizan su nutriente hacia la calle.
Se marcharon a la eternidad sus eternos guardianes . La voz de Juan Pancho Rodriguez y la poesía
oportuna de Juan Bautista Alayón se encuentran grabados en sus paredes. El área de oficina, un nicho lleno de libros, tangos y fotografías. Su utilidad en el pasado fue diversa. En su
amplio Horno Panadero, mujeres y hombres de barrio de nuestro pueblo rindiendo muchas
jornadas.
La gráfica la muestra como si estuviera en las
puertas de un abismo, tal vez dibujando una leve sonrisa de maternal aspecto, seguramente debe estar pronunciado esta angustiosa frase: !No me dejen morir, quiero ser eterna!.

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