viernes, 10 de abril de 2026

RECORDANDO A ROSENDO CASTILLO “EL PAISA”

 



                               Por Oscar Carrasquel

Era un placer dialogar con Rosendo Castillo Márquez,  natural de la región de los Andes, allá en aquella tierra nevada se levantó. Siendo muy joven se trasladó a la capital guariqueña. Nació en el municipio ZEA, estado Mérida. Atraído por la hospitalidad de su gente, fue  convencido por su amigo don Serapio Herrera para que se quedara en su fundo en Malpica El Toro. Ya no fue más para San Juan de los Morros. Posteriormente fijó residencia en la calle doctor Manzo sur, a una cuadra de la esquina “El Coco”.

Con Dios y  Virgen y dos grandes canes que le protegían y servían de  compañía, una hembra llamada “Muñeca” y uno macho de nombre “Rifle”.  Durante años desempeño el trabajo de sereno o guachimán, tuvo a su cargo la vigilancia de la mayoría de los establecimientos comerciales y almacenes mayoristas, ubicados en las calles Bolívar y Comercio, cuando esta calle desembocaba en la calle Bolívar y Villegas.

 Que recuerde la memoria de su hijo José Castillo, custodiaba los comercios más importantes toda la noche,  Almacenes La Violeta, Farmacia Central, Arepera La Única,  entidades bancarias, la Tienda de Cuadros, Panadería El Comercio, Panadería La Reina; sastrería La Criolla de Diego Rattia; el negocio de Norberto Ramón Vásquez y los almacenes de Francisco Matute y Manuel Melo. Allá en la Arepera La Única, una madrugada tuvimos la oportunidad de conocernos y conversar con el Paisa.

El hombre era como un reloj despertador, para uno que debía salir a trabajar o necesitaba viajar a Caracas en los carritos de Paco Villalobos o Rafael Éxime. Para las mujeres que llevaban maíz al Pilón de Savery. Allí estaba como un reloj  don Rosendo Castillo llamando a la hora indicada.

Como es bien sabido, el reloj de la iglesia San Luis Rey daba la hora y la media hora. El Paisa era el compañero ideal de los estudiantes, hembras y varones en la plaza Bolívar y Miranda, con sus sillas extensibles, los que se preparaban para los exámenes finales, brindándoles una taza de café negro. Se enfilaba calle arriba y calle abajo. Cargaba un machete  “cola de gallo”  debajo de la exila, y del brazo zurdo le colgaba una tapara con agua fresca y un termo repleto de café colado. Y un poncho de hule por si acaso un chaparrón. La calle Real ya no es la misma, en ese tiempo no había vendedores ambulantes ni buhoneros.

Lo saludaban con cordial ademán y respeto las personas que regresaban en la madrugada de alguna fiesta o reunión de algún club social. Y el respondía con la mano en alto y una  suave risa (foto).

Siempre conservó su fe en Dios. Amó y fue amado. Se enamoró y casó en San Juan de los Morros con Gisela Lombano de Castillo, de los Lombano de  San Sebastián de los Reyes, procrearon y levantaron cinco mujeres y dos varones, son ellos,  Lina Rosa, María Alicia, Lourdes, Erlina, Vilma Teresa, José y Victor Castillo Lombano.

Todos los conocimos en la Villa como un hombre trabajador que realizó varios oficios, en los claros del día se dedicaba a limpiar solares y recolectar escombros en un camioncito volteo, con el cual también trasportaba arena del río Guárico, desde el sector Quebrada Onda para la construcción de viviendas en la Villa.

En 1958 cuando se crearon y se establecieron las empresas de vigilancia, y las cámaras de seguridad, despareció la figura del guachimán pateando las principales calles por la noche las calles del pueblo.

Don Rosendo Castillo, mejor conocido como “El Paisa” se marchó de este mundo, a los 76 años. Para yacer sus restos mortales en la tierra villacurana que tantó amó  Hoy en día  transitamos de madrugada la calle Bolívar y en la mente podemos recordar el reflejo de nuestro alegre “Paisa” solidario sereno

 Oscar Carrasquel. La Villa de San Luís, Tricentenaria

 

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