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!Que gusto es recordar el tiempo ido! a los personajes esenciales llenos de historias . Era grato observar a mitad del siglo xx el transitar del vendedor de pan por todas direcciones. Les cuento que la comunidad de Las Tablitas y franjas aledañas, se acostumbraron a la presencia de la figura de don Rosendo Martínez. Un comerciante informal que se dedicó con tesón a ejecutar un trabajo especifico hasta el final de sus días. Vendía a domicilio el popular pan de trigo. Se hacía acompañar y algunas veces encaramado del lomo de un manso burrito.
Sobre cada lado, cargaba sendos canastos de mimbre repletos de algunos tipos de pan para entregar a domicilio: Pan dulce y salado, catalinas rosadas y oscuras, señoritas, bizcocho redondo y rebanadas. Pero mayor numeroso era el inventario de pan de piquito, también conocido como pan francés “de a locha" y recortes de dulce.; cargaba en la bata una libreta de rayas y un tocón de lápiz para anotar los fiados con plazo de una semana. Sus proveedores panadería El Comercio, la más famosa de la Villa, y la panadería “La Modelista” de Pancho Parra, situada en la calle Sucre.
En los días pascuales el 24 de diciembre, no se daba abasto, por la cantidad de encargos de pan de jamón de pierna, receta casera de Juan Pancho y sus ayudantes, a tres bolívares es delicia, las amas de casa le solicitaban hasta tres panes de jamón p ara la cena de nochebuena, ricos y pobres hacían una cola desde temprano.
Don Rosendo fue fundador de la dinastía Martínez Rodriguez, muy apreciada familia de empatía en Las Tablitas, Habitó con su familia una casa solariega de bahareque , que todavía existe, ubicada en el callejón 1, hoy calle “Mateo Vargas”, a 100 metros antes de llegar a la “caja de agua”.. Fue don Rosendo Martínez un hombre de trabajo y padre de familia responsable muy apreciado. Fuera de su labor era bochador en cualquier patio de bolas criollas. Tambien hacía el papel de juez "coime".
Rosendo se casó con la apreciada matrona doña Adela Rodriguez de Martínez. Sabemos que la señora Adela se distinguió por ser la hacedora de las célebres arepitas dulces de antaño, y bollitos dulzones degustados con guarapo por los patinadores, y feligreses que salían en cambote de las misas de aguinaldo. Quizá por ser un hombre de contextura delgada y bajo de estatura, la fonética del habla no lo llamaban por su primer nombre completo. En el pueblo atendía por “Rosendito”, sobre todo en la calidez de la gente. Lo cierto es que tu su oficio tuvo mucho auge, por ser el pan de trigo un alimento con sabor de antaño. Sin embargo sabíamos que debido al surgimiento de las panaderías de portugueses, se fue imponiendo la modernización. Recordamos que en aquellos tiempos, el viejo panadero dejaba en la puerta de cada casa, ocho panes de piquito en una bolsa de papel kraft, por solo un bolívar, y si usted lo deseaba adquirir al detal una locha por unidad.
Tuvo fama de caminador el burro de Rosendito, siempre conservó la soltura y agilidad de cuando era pollino. El sonido producido por los cascos en su galope alegraba almas y corazones. Su pisada era una alerta de que andaba cargado de panes recién salidos del horno.
Estocen, emergió de la sabiduría popular un dicho para sentenciar a todo aquel que realizaba una gestión urgente o andaba con mucha prisa; cien por ciento le iban a disparar una frase tradicional de aquel tiempo ¡Andas más apurado que el burro de rosendito!.

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