martes, 10 de febrero de 2026

CRÓNICA RELATOS DE LOS CARNAVALES DE ANTES

 


 

 GISELA I (Gisela Matute) aparecen Josefina Cambra, el Paje es Carlos Trujillo

 foto facilitada por  Manuel Enrique Matute


Por Oscar Carrasquel

 

Hace muchos años atrás nació una frase romántica muy popular que reza “Recordar es volver a vivir”. Nos volvemos a encontrar para  contarles  cómo eran  aquellos carnavales antañones,  los disfrutamos en grande.  Se celebra antes de la Cuaresma cristiana. Se le rinde culto al Dios Momo o Rey Momus, "patrón de escritores y poetas".  La artista cubana  Celia Cruz inmortalizó una de sus canciones  titulada "la vida es un carnaval".  

Muchos  sostienen que desde 1950 hasta 1954, en tiempos de Marcos Pérez Jiménez,  se organizaron unos de los más fascinantes carnavales en Venezuela. Tanto en la capital de la República y también en la provincia.  La festividad es movible en el Almanaque Rojas Hermanos, comienza en febrero o en la primera semana de marzo.-.El cabeza de casa andaba pendiente de los días de asueto para irse de vacaciones con su familia a la playa o al llano.

Hacen años atrás  el Ayuntamiento de Villa de Cura   nombraba una Junta  pro-festejos, la cual desarrollaba una extensa programación, y no conforme con esto, el fin de semana siguiente se festejaba lo que llaman la "octavita"... La junta de carnaval estaba representada en cada uno de los  barrio, y en comunión con las instituciones educativas  enviaban personal docente, reina, séquitos  y carrozas al desfile central para magnificar la fiesta. 

Durante un  "puente" largo de cuatro días se organizaban comparsas, desfiles de carrozas por las calles principales, levantaban templetes y en el centro  en su trono la Reina. Las calles encementadas se llenaban de papelillos, serpentinas y caramelos, las calles principales recorridas por las muchachas más bellas y elegantes coronadas como reinas  junto a su corte, montadas sobre  plataforma de camiones.

De esa época recordamos a la  chica villacurana llenando los espacios de belleza y  alegría  entre tantas  las jóvenes del ayer ,Gisela Matute, Gladys Ledezma, Lisbeth Lara Parra, Mireya Coelles,  Sonia Meza, Marianela Ascanio, Bergeny Curvelo Huttado, Maruja Matute, Esmeralda Páez, Carmencita Torres y Adelita Martínez.

La cuerdita de muchachos que no se habían alargado los pantalones, se colocaban en distintos lugares esperando el paso del desfile disputándose los puñados de caramelos y papelillos que volaban por los aires: ¡Aquí es...Aquí es”. 

Uno de los disfraces, quizá el mas colosal de aquellos carnavales  correspondía al canario Agustín Dorta,  quien era propietario de la “Arepera La Única”. Se presentaba a los desfiles en franelilla y  vestimenta de campesino, sombrero de cogollo sobre la melena, llevando las riendas de una carreta arrastrada por un caballo, tirando papelillos, repartiendo  caramelos y golosinas a la muchedumbre apostada en sus viviendas.

Por su parte,  Pastor Ilarraza, un hombre  jovial, alto, fornido, se disfrazaba de rumbera con un vestido de cola, un peinado de pañuelo enrollado en la cabeza, moviendo la cadera al ritmo de la música, cual la  actriz del cine mexicano María Antonieta Pons. Después del desfile se paraba a bailar   en la plaza Miranda, y en la tarde-noche llevaba su show  a los suburbios de nuestra Alameda.

Se realizaban bailes en el Club Social de la calle Miranda;  en el Club Sorocaima,  Club  los Amigos; Centro Social  Aragua.  Por cuatro noches  consecutivas se prendía la fiesta en los amplios salones del Bar Savery. En cualquier casa particular había baile de disfraces y concurso de disfraces para los menores de la casa. Además  se realizaban bailes al lado del CVN, con música en vivo.

Damas y caballeros se intercambiaban irrigaciones con talco Menen y polvo  "Sonrisa",  se rociaban la ropa con Agua de Colonia Jean María Farine; tanto las damas como los caballeros se veían envueltos en aromas de finos perfumes parisienses, que en esa época  eran baratos en la tienda "La Casa de Cuadros".

Hay diferentes modelos de disfraces de acuerdo a la preferencia,  el más  llamativo era el disfraz de "dominó". El arte lo aprendió hacer la señora Petra Torres;  costurera que vivía en la calle Urdaneta; tenía servicio de alquiler del disfraz de dominó .  El disfraz de dominó no era otra cosa que, un imponente gabán colorido con un antifaz para oculta la identidad. Salían comparsa de todos lados, algunos  disfrazados de negrita. En un baile de máscaras era muy usual una frase retadora "A que no me conoces".   

En los bares de la Alameda  calle  el cementerio, se prendía una rumba de cuatro días seguidos,  gente de acá y arreadores de ganado que llegaban del llano, se soltaban el moño en el Bar "La Gavilana" y en el botiquín de don Pancho Espi, tiempo después cambió de nombre para “Bar La Cubana”. El Negro Testamar, el de sangre llanera, parrandero incorregible,  se disfrazaba  de dominó y cuando estaba medio ebrio se quitaba la máscara para que lo conocieran, seguía envuelto en su dominó sacando pareja con la misma alegría que lo caracterizaba.

No hay que olvidar los desfiles de carrozas y bandas show de diferentes instituciones educativas de Villa de Cura los cuatro días de carnaval,  con la participación de las escuelas públicas y privadas, y la representación del Parque de Recreación Dirigida CVN; con su banda show tocando la música de “steel band”, y grupos de danzas, en medio de fuegos artificiales, sonidos de pitos y cornetas. Se integraban a los desfiles, Clubes sociales, Cámara de Comercio, sindicatos, empresas de servico y  almacenes al mayor.

En la capital de la República, cuando  Caracas era llamada por todo el mundo  “ la Sucursal de cielo”,  los carnavales eran esectaculareses, los del  Hotel Ávila con aquel slogan del Musiú Lacavaleri y Víctor Saume  “En el Ávila es la cosa”. Aquellos del Circulo Militar, a cuya fiesta cual asistía  el Presidente Pérez Jiménez con su familia..  Las fiestas en el Club Paraíso; los bailes en el Hotel Tamanaco, Club Casablanca; Club Hipocampo,  La Hermandad Gallega; el baile de disfraces del Terminal de Pasajeros de La Guaira, amenizados  por las orquestas caraqueñas de la época, la Billos Caracas Boys, Los Peniques, Chucho Sanoja, los hermanos Belisario y Luis Alfonso Larraín. .La orquesta cubana Sonora Matancera alternaba con Los Corraleros de Majagual, amenizaban los bailes populares de carnaval en la Plaza Venezuela,

El martes de Carnaval generalmente se terminaba la fiesta  Se jugaba en las calles con baños de agua mezclada con almidón, negro humo y otras sustancias, a pesar que  estaba: "terminantemente prohibido el juego con agua y sustancias nocivas a la salud" 

En cierta ocasión,  llegando del trabajo, al bajarme del carro, me mojaron hasta quedar totalmente emparamado, sin poder evitarlo, me lanzaron agua pareja desde una terraza, unas vecinas que vivían al lado, eso sucedió  en la calle doctor Manzo, frente a la Aristides Rojas.

El gobierno del General Pérez Jiménez, quizás por evitar alteraciones del orden público y para garantizar su seguridad, minimizó el carnaval a partir de 1954,  cuando quedó parcialmente extinguido. La historia nos indica que no fue la meta, siguieron, pero menguados.

Pues bien, la larga sequía  de las fiestas carnestolendas en Villa de Cura; en los años que corren orgullosamente ha sido continuada por la Fundación Cultural  Calle Páez, con una exquisita  fiesta carnavalesca en su calle, desfile, comidas, bebidas y diversiones a granel  El Comité de Feria y Fiesta de la calle Sucre también se niegan a verlo desaparecer y  procuran mantener viva la tradición. 

 

Agustin Dorta sobre la carreta en los desfile de carnaval de 1952 Foto Editorial Miranda. 

   Oscar Carrasquel. La Villa de San Luís, Tricentenaria                

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