Por Oscar Carrasquel
Esta crónica la
comencé a escribir hace varios años
atrás, la hice en una vieja
Urdewood de cuando mi padre trabajaba en
un diario de Caracas..
¡Natividad ¡ Así era su nombre de bautizo y confirmación. En aquella Villa de Cura de
ayer ganó popularidad en gran medida por el sobrenombre.
La madre, una guapa guariqueña
de nombre María Bermúdez; con los claros
de un día cualquiera, antes de despuntar
el alba, trazó la ruta del centro y sus pasos anclaron en un pueblo
noble que les brindó cobijo toda la vida. Natividad había
nacido el 12 de diciembre de 1931 en la cálida población de Tucupido, Municipio José Félix Rivas, Estado Guárico.
Natividad llegó de
seis años a la Villa junto con la madre y dos hermanos. Rómulo y María Bermúdez. Pero en la adolescencia la sabiduría popular decidió
ponerle un apodo cariñoso: ¡Meneco¡ Así se quedó. En una conversación ccon él, le
pregunté por el apodo y me respondió “Caramba chico Carrasquel ese
sobrenombre me lo pusieron los jodedores” .
Natividad fue un hombre alegre, chistoso, reilón, tal como dice el dicho servía para todo, hasta para remedio, con su estampa jocosa, La vida le ha enseñado un poco de cada cosa para que la disfrutara a su antojo, cursó la primaria en la Escuela Federal Arístides Rojas. Muchacho tremendo en la escuela, peleón, por eso lo paraban frecuentemente mirando para la pared en el recreo.
Los círculos en que
se movió eran estudiantes, beisbolistas, placeros, galleros, jugadores de
billar y pool, apostaderos de caballos y amigos incondicionales.
Después de haberse alargado
los pantalones en cualquier calle se podía observar a bordo de una bicicleta de paseo; realizando las
diligencias de la tienda y mueblería “La Libertad” de don Omar Gutierrez (Av Bolívar que lucía hermosa).
Más tarde laboró haciendo el
trabajo de coime en un salón de billar y Pool en el Bar Palumbo. Quién no probó
en este botiquín el dulce de leche , de toronja y lechosa de la cocina de misia María
Palumbo a medio (0.25) la ración. En
ese tiempo nuestro pueblo fue visitado por
un campeón latinoamericano de billar de apellido Valdivia,
Rivalizó con Angel Moina, Enrique Flores y Luís Manuel Hernández Acevedo.
“Meneco” elaboraba
cada sábado una “dupleta” de dos bolívares para apostar a
las carreras del 5 y 6, y cuando le preguntaban por la persona ganadora,, con una sonrisa amplia de amistad
respondía como el lotero: "ganó la Bandera”, o sea la casa.
Ciertamente a “Meneco” jamás se le vio tomando en la
barra de una cantina. Lo que si podía hacer era tener dos mujeres a la vez, como dice la canción que interpreta el
compositor y cantante Teo Galíndez
Una de sus grandes
pasiones fueron las gallos de pelea, fue preparador, criador y apostador, representaba
la cuerda "La Molinera" de don Ángel
Molina. Con “Molinita”, como se le conocía, aprendió a preparar gallos
de combate, anatomía de la raza, pesaje y
la terminología utilizada por los galleros en las peleas.
A veces se le ocurrían peripecias como la que les paso a contar. Un día
cuando venía su pana Leopoldo Figueroa con un camión ganadero colocó una
corneta de pera en la esquina de Palumbo. Casi
llegando accionó la corneta y Leopoldo
pegó un frenazo que casi lo hizo salir por el parabrisas, Salió corriendo
en zing zag y lo encontraron escondido en el botiquín el Teide, con la
complicidad de José Rafael el popular“ pie de clavito”.
Siempre lo recuerdo
bien vestido. Se peinaba la cabellera ondulada con brillantina Palmolive.
Y se planchaba el bigote con una mano, acostumbrado
a rociarse con perfumes parisienses fáciles de adquirir en ese tiempo. El
grupo de tomadores de pelo le decían que bien podía encarnar el papel del
actor norteamericano Errol Flynn, “Meneco” colocó en una pizarra una frase directa para
ellos: “Con la vista no me desbancan y fiado hace tiempo que murió”.
Fue un ser nacido en
el llano pero criado en la Villa, de aquí no salió nunca. La última vez que nos
vimos un diciembre aproveché de tomarle
la foto de la crónica. Me dijo que casi no lo dejaban salir afuera, se
asomaba a la reja para buscar la luz del sol de la mañana. Siempre se snetía orgulloso de
recordar a sus viejos amigos,. ”Manuel Jiménez (el Indio Eulogio) es más viejo que yo", haciendo alusión y jugando una broma.
”Meneco” ya no era el mismo de antes, ya no contaba con el aroma fresco de la memoria. Sonrió con la misma sencillez de antes. Su vida estuvo llena de peripecias, cuentos y de anécdotas. El 17 de abril de 2021 nos dijo adiós le llegó el minuto final de su existencia terrenal. Ojalá Dios tenga un lugar reservado para él en el cielo.
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